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No se quieren enterar…

Conchita Velasco lo dijo ya hace unos cuantos años, pero parece que no ha sido suficiente. Y el caso es que seguirán viniendo a pedirnos de rodillas, a suplicarnos y a rogarnos… y no sabemos si se lo daremos.

Imagínate que tienes unos amigos que viven, como pueden, de sus labores. Pero un día llega otra persona (llamémosle “la malvada Tecnología”) y rompe su negocio.

¿Que se puede hacer? Como buena persona que eres, intentas protegerles. Si esa malvada Tecnología les está quitando el trabajo, lo mejor que podemos hacer es cuantificar esa pérdida y exigir que, sea por H o por B, tus amigos la recuperen.

Lo intentas obligándoles a pagar un extra por los productos que permiten a la malvada Tecnología realizar sus fechorías, pero llega un tercero (uno que llamaremos, por ejemplo, “Comisión Europea”) y nos dice que lo que hemos hecho es “inconstitucional” (ES).

Pues cambiamos de tercio. Y en vez de aumentar el coste de los productos, lo metemos directamente en los impuestos que todos los ciudadanos tiene que pagar. Pero de nuevo, otro agente (esta vez un tal “Supremo”) nos lo tira para atrás.

Esta misma historial la llevamos viviendo en España desde el 2010. Con diferentes nombres (SGAE, Canon Digital…) el gobierno de turno ha intentado proteger los intereses de un reducido grupo de artistas (únicamente a aquellos que estuvieran adscritos al mismo) imponiendo una suerte de indemnización a las supuestas pérdidas que les está causando la piratería.

¿Que como se calcula esto? Exactamente mojando el dedo índice con saliva y apuntando hacia el cielo. Lo que nos da un resultado de 500 millones de euros repartidos a lo largo de estos últimos años.

500 millones de euros que han ido sacando de los Presupuestos Generales del Estado hasta que, estos días, el Supremo ha dictaminado que el Real Decreto que regula el canon digital en España es “nulo” e “inaplicable” (ES).

En casa de esos amigos deben estar con caras mustias, con los brazos cruzados… y pensando la siguiente jugada (ES).

Porque una cosa está clara: No se quieren enterar.

No se quieren enterar de que el enemigo no es “la malvada Tecnología”, sino ellos mismos. La piratería es un efecto colateral del inmovilismo que salpica esta industria (ES), más interesada en seguir viviendo de lo que antaño vivían que de entender que el cliente actual demanda otros tipos de canales y sobre todo, otros tipos de servicios.

Que un servidor (y de paso, buena parte de los menores de 30 años) no aceptamos que para disfrutar del nuevo capítulo de X serie tenga que ponerme delante de un televisor un día y a una hora específica marcada por el suministrador de ese contenido. Sencilla y llanamente no nos entra en la cabeza el porqué debo yo adaptarme a un timing impuesto por un tercero, cuando yo soy el cliente y tengo la capacidad de disfrutar de ese contenido cuando me de la gana desde un ordenador.

No se quieren enterar de que para mucha de la gente de mi generación, ya no tiene sentido comprarse un CD. Maldita sea, ¡si ya no tengo dónde reproducirlo! Ofréceme la posibilidad de escuchar tú música (o la que quiera) en servicios como Spotify bajo planes fremium adaptados a las necesidades y uso real que les vamos a dar, no intentes levantar murallas alrededor de tu obra porque si no disfruto de lo tuyo, disfrutaré de los que sí sean capaces de adaptarse.

Y por último, no se quieren enterar de que el concepto de copia actual no es el mismo que el de hace veinte años. Que si por lo que sea me digno a comprar un producto físico, espero poder copiarlo y reproducirlo en el canal que me de la gana y tantas veces como quiera (ES). Porque aquí no se trata de coger lo que nos interesa y obviar el resto. Los derechos sobre los bienes tienen que aplicarse tanto frente a bienes físicos como a bienes digitales.

En fin, que ojalá estos amigos puedan leer estas palabras. Pero a sabiendas de que son los mismos que han conseguido penalizar el enlace en la red (ES), que son capaces de prohibir el que un ciudadano pueda grabar un posible abuso de poder (ES) por parte de los cuerpos de seguridad (que recordemos, están al servicio del ciudadano), y que ahora tienen pensado también criminalizar la creación y difusión de… ¡memes! (ES), tengo poca esperanza.

Ay Conchita, no se quieren enterar…

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