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Suicide

Censura vs control del negocio

Encontrar un equilibrio entre estas dos patas dentro de una plataforma de contenido es verdaderamente complejo.

Hablaba ayer en mi blog del caso de la imagen de una chica escapando desnuda del napalm de la guerra de Vietnan, y cómo Facebook estuvo a bien bloquearla por considerarla contenido sexual (ES).

Hoy quiero hablar en el blog corporativo de la decisión de Youtube de dejar fuera de su programa de publicidad canales y contenido que pueda ser etiquetado como:

  • De carácter sugerente, entre los que entrarían desnudos parciales y humor (ironía o sarcasmo).
  • De violencia.
  • De lenguaje inapropiado.
  • De incitación a la venta, el consumo o el abuso de drogas.
  • De acontecimientos y asuntos controvertidos, como pueden ser los conflictos bélicos, las tragedias y/o la política.

La nuevas condiciones dibujan un panorama semejante al que en su día se vivió con la llegada de Content ID (ES), un automatismo mediante el cual Youtube intentaba evitar el uso de elementos con derechos de autor en obras de terceros, y que ha servido desde entonces no solo para ello, sino para ser utilizado como arma por lobbies e incluso por otros Youtubers (censurando por ejemplo parodias o críticas a alguno de sus productos).

Hecha la ley, hecha la trampa, ya sabes.

Y el problema de raíz es exactamente el mismo.

¿Que podemos considerar contenido inadecuado universal?

En el momento en que diseñamos un sistema de control del discurso, debemos comprender las implicaciones que ello tiene en el uso lícito y la tergiversación que pudiera llevarse a cabo.

En el caso de Facebook, ¿la fotografía está más cercana de ser considerada incitación a la pederastia, o por el contrario, crítica a un acontecimiento histórico traumático?

En el caso de Youtube, ¿un canal de sexología podrá entonces ser monetizado, o por el contrario, se le apartará del sistema de publicidad, habida cuenta de que trata temas “de carácter sugerente”?

Lo mismo que para un servidor podría ser una cosa, para ti podría ser otra. Y ya ni hablemos de una persona perteneciente a otra generación, a otra cultura, a otro nivel socio-económico…

Resulta prácticamente imposible prefijar unos criterios mínimos de contenido inadecuado que sirvan en cualquier situación y supuesto, simplemente por el hecho de que sociedades hay muchas y con unos principios que en muchos casos se contradicen.

Algunos youtubers ya se han visto salpicados cuando algunos o la totalidad de sus vídeos han sido marcados como “not ad friendly” por tratar temas como el suicidio, el sexo, o el abuso de drogas (EN) desde una óptica respetuosas, y esto tiene una lectura aún menos halagüeña.

Profundidad frente a entretenimiento

Pongamos por caso un contenido generado como apoyo a una parte de la sociedad que de una u otra forma está indefensa. Si ese contenido es tachado como no publicitable, quizá su autor se plantee generar otro contenido que se libre de ser etiquetado como tal, aunque solo aporte entretenimiento y cero profundidad.

Se premia de esta manera el contenido efímero, el puramente de entretenimiento, frente al discurso profundo y sosegado de problemas que afectan a la sociedad.

Y por supuesto, siempre queda la posibilidad de reclamar una revisión, pero el proceso sigue siendo tan opaco que en la práctica, a no ser mediante una exposición mediática que presione el asunto, se resolverá de igual manera que la primera vez, considerando el volumen de peticiones que maneja la plataforma y la necesidad de automatizar todo el proceso.

Hay no obstante voces como la de Mercè Sanjuan, fundadora de Gordon Seen (ES), una agencia publicitaria, que si bien no están totalmente de acuerdo con la medida, recalca que el bloqueo solo conlleva la salida del programa de monetización, no de la propia plataforma. Y que en la mayoría de casos el retorno de la inversión por la publicidad nativa es prácticamente anecdótico.

El branded content, el patrocinio de marcas y los sistemas de micromecenazgo siguen siendo a día de hoy los modelos de negocio más rentables para un canal de Youtube (y para cualquier otro medio), a años luz del valor decremental de la publicidad display, invasiva y cada vez más ineficiente.

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