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¿Crisis en los medios? No: lágrimas de cocodrilo

¿Crisis en los medios? Ja. Jajaja. Rejá. Y el doble, y el triple de la crisis que hay… tendría que haber. Descontando las muy honrosas excepciones, los mass media viven hoy un régimen de autocracia, instalados en el soliloquio de la autocompasión, y sin haber entendido todavía una sola micra de lo que significa la revolución digital. No será que no se les ha avisado de por dónde van los tiros. Pero ellos, a lo suyo, a su mundo, a su bola. Alguien sobra en los mass media, o bien directivos, o bien responsables de la cosa del negocio que no se enteran ni quieren enterarse.

La base de esta furibundia es mi creciente indignación en mis reiterados (y frustrados) intentos de que me traten dignamente como espectador de la TV online. Quienes no tenemos tele (ni queremos tenerla), pero no queremos perdernos ciertos programas esclavos de unos derechos de explotación comercial propios del siglo XIX, tenemos que optar por un Internet “capado” para aquellos contenidos que queremos consumir. Retrato en estas líneas el caso de una de las emisoras privadas líder en España, a propósito de un culebrón y de una retransmisión deportiva que se produce más o menos cada dos fines de semana, y que tengo a bien seguir. A pesar de lo concreto del asunto, las observaciones son aplicables a la mayoría de los mass media, televisivos y no televisivos, cuando de ser espectador online se trata. A modo de glosario, vayan mis apuntes al respecto.

  1. Las emisiones no están optimizadas para el espectador online. En el caso de los programas “en diferido”, el espacio a emitir se parte “a machetazo limpio” en varios cortes exactamente iguales, en los que se encajan las pautas (que no pausas) publicitarias. Da igual si caen en mitad de una escena, de una conversación o incluso de una palabra. Se corta exactamente igual. Cada equis minutos. En definitiva: maltratando al espectador. Es decir: dinero tirado a la basura.
  2. Los bloques de publicidad no están segmentados, ni targeteados. En lugar de aprovechar las inmensas ventajas del online para conocer los gustos del usuario y ofrecerle los mensajes más afines, se sigue optando por los “lotes” de “a tanto el kilo de corte publicitario”. Se emite el mismo spot en cada pausa, porque sí, porque toca, porque es el que se ha “negociado”, porque no hay más, o porque es lo que se ha pactado con el cliente. Como si en el siglo XXI y ante un espectador nativo digital (más crítico, más storyteller), ese tipo de publicidad fuera a producir algún tipo de retorno. Es decir: dinero tirado a la basura.
  3. La calidad de la imagen en las pausas/pautas publicitarias es en muchos casos inferior a los mínimos exigibles en el online actual. Esto no es entera responsabilidad del canal, pero también lo es: es la última puerta a franquear por el cliente antes de llegar a las audiencias. Si el canal no revisa la calidad, el espectador opta por cortar el volumen o minimizar la ventana hasta que pase el “esperpento” publicitario. Es decir: dinero tirado a la basura.
  4. El lenguaje publicitario, es decir, el que da de comer al canal, sigue siendo el de antes de la irrupción de la conversación online (Internet 2.0): interrumpir, cortar, separar, divorciar al espectador. Hoy más que nunca se puede y se debe acompañar a las audiencias, invitarle a crear la historia, hacerles partícipes del producto. Lo contrario, interrumpir, es matar al espectador. ¿Qué, que cuesta más trabajo? Claro: crisis es cambio, oportunidad de negocio, no hacer las cosas como antes, como siempre, como sabes. ¿Que no solo es responsabilidad del canal? Pues igual que en el punto anterior: no solo, pero también lo es. Esta interrupción la tenemos también en los formatos flash que llevan al crash a navegadores con sesiones sobrecargadas, en los anuncios interstitial cuyo único fin es provocar clics por error… Todo el uso y abuso del poder del administrador contra el usuario, del que se busca todo menos su complicidad. Una forma más, gratuita, absurda, innecesaria, de tirar el dinero a la basura.
  5. En las emisiones “en directo” (live streaming), el sistema es incluso más ridículo. Parte de la publicidad se comparte con la emisión “tradicional”. Cubierto el cupo de la publicidad online (es decir, los clientes que han pagado ese plus, a mi modesto entender), la emisión se va a negro con un mensaje: “Estamos en publicidad”. Modo #ironic: ¡¡¡claro, justo el mensaje que estoy esperando como espectador, que tanto me aporta y tanto engagement me genera con el canal, con sus clientes, con sus valores!!! Fin de la ironía: ¡¡venga, muchach@s, tenéis dos, tres, cuatro minutos para acompañarme con mensajes que verdaderamente valgan la pena!! ¿A qué esperáis? Mientras sigáis con la pantalla en negro, no lo dudéis: dinero tirado a la basura.
  6. No contentos con eso, cada nueva conexión que se realiza obliga a “tragarse” varios anuncios en preroll. Sí o sí. Por narices (u otras partes del cuerpo humano). Da igual si te has desconectado por una caída de la red, por una optimización de la sesión del navegador o por los motivos que sean. Da igual si ha sido hace un minuto o hace una hora. Da igual si en ese momento se da el banderazo de salida a la Fórmula 1 (mira, acabo de desvelar mis aficiones), o está hablando el presidente del Gobierno. Te los comes igual, porque sí, porque son clientes que han pagado. Conclusión: un espectador desairado y que lo último que querrá será comprar lo que le anuncian. Es decir: ¡¡canal, estás tirando el dinero!!

 

Se podrían añadir más componentes que evidencien este continuo maltrato y menosprecio al espectador del online. Tratado de “menos” por ser “minoritario”, y no como un espectador más lúcido, consciente, crítico y con capacidad de prescripción de lo que es el “viejo” (incluso si es joven) espectador de las plataformas offline.

¿Crisis? ¿Cómo no va a haber crisis con tanto dinero tirado a la basura? Si los clientes no ven el retorno de su inversión (y así no lo van a ver NUNCA), las inversiones serán cada vez menos, y más pequeñas. Y el modelo de negocio, insostenible. ¿Crisis? Y el doble. Y el triple. Hasta que el modelo cambie. Hasta que sea viable, sostenible, digital y verdaderamente 2.0. La solución no pasa por las pasarelas de pago. Pasa por saber de una vez en qué mundo nos hemos metido, guste o no guste. Y actuar en consecuencia.

 

Foto original: Google+.

Este post tiene 9 comentarios
  1. Pero los malos somos nosotros, por recurrir a justin.tv o a rojadirecta. Los malos somos nosotros, porque sabemos que las cosas se pueden hacer bien y no nos conformamos con un “regular”. Los malos somos nosotros, porque esperamos que de un negocio tan rentable como la industria del mass media salga un producto meridianamente digerible.
    ¡Ingenuos! Dejemos al directivo rumiar plácidamente el césped del campo de golf con sus amigotes, dejemos al director de contenidos que se junte en opíparas comilonas con las productoras, para que se lleve el contrato el que más pellizco le pase por debajo del mantel.

  2. Donde están los iconos de los aplausos?? estoy totalmente de acuerdo.

    Aun recuerdo a Nadal ganando hace unos días y a Telecinco cortando el sonido de sus primeras declaraciones para emitir no-se-qué-mierda-de-anuncio…

  3. No puedo estar mas de acuerdo contigo. Precisamente me pasa lo mismo que a to. No veo la television salvo 4 cosas como formula 1, algun partido de futbol y los simpson comiendo, Para lo demas uso internet y aun asi a veces he intentado ver alguna emision online y he terminado por desistir.

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