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Cuarentón, maduro y responsable de sus actos

Afirman  los teóricos que la suma de redes interconectadas, velocidad de procesamiento y un espíritu de rebelión que se remonta a los sesenta largos, está en el origen del virtuoso y rentable caos digital en el que nos movemos y que antes,  ayer mismo, se llamó sociedad de la información.

Todos aceptamos, por tener un referente natalicio, que esto comenzó en 1969 con la creación de Arpanet. Así que, por convención, estamos hablando de un proceso de más de cuarenta años. Y, por tanto, aunque la innovación constante lo haga parecer joven, impetuoso y perdonable, ya es hora de aceptar que hoy es, esencialmente, un sistema económico que se rige por leyes tan poco románticas como la industria del automóvil o la agroalimentaria.

Las redes han dejado de ser un experimento militar y académico. Hoy son el activo principal de varios centenares de compañías globales. Nueve de ellas están entre las 100 primeras del mundo según la lista Forbes. Y aquellos proyectos de adolescentes en el garaje se han convertido en corporaciones que han ascendido al puesto 22, Apple, o al 42, Microsoft, por ejemplo. Sus fundadores y gestores están entre las personas más ricas del mundo. Y aunque nos sorprendan con sus proclamas de  manumisión e iniciativas filantrópicotributarias, su esfuerzo, su tiempo y su creatividad están enfocados a competir en todos los frentes, incluido el legal, por la mejor posición de su compañía y los mayores beneficios.

Debemos añadir el nacimiento y expansión de la movilidad, la transformación de las redes físicas en redes de relación humana , la agregación de contenidos, la creación de ecosistemas cerrados de software (incluso sobre los fundamentos del software libre), la explosión de células de ciberespionaje y contrainteligencia, la minería de datos a pico y pala o devastando en formato big data,…

Un gigantesco sistema de producción, por tanto, que se ha ocupado de inspirar y empaquetar, como es legítimo y prudente, una doctrina de soporte y una reputación que lo preceda. Y han tenido éxito sus ideólogos al proponer que la razón ontológica, el fundamento no discutible, siga siendo el espíritu de libertad de 1969, una suerte de furia creativa antisistema. Gran parte del catálogo de invocaciones comerciales de las empresas del ramo entronca aún con aquel aroma.

Pero no. No estamos hablando de espíritu de libertad. Ya no.

La libertad tendremos que disputársela los demás, y mejor antes que tarde, a esas mismas compañías. Muchos ya lo intuyen. Pero en general, en masa, estabulados, aún no comprendemos ni siquiera el por qué. Somos  rehenes de sus razones y su argumentario, su misión y sus promesas, su objetivo y nuestro desdén. Y parecemos felices porque son nuestras plegarias atendidas (sí, aquellas por las que más lágrimas se derraman según Santa Teresa y San Truman Capote).

Convendría que, cada uno, fuese iniciándose en el fino arte de la reflexión según sus propias experiencias, como enmienda de la desidia y ejercicio de prevención.  Yo ya le dedico un rato al día según la pauta que sigue.

  1. ¿Por qué en medio de la mayor recesión global que he conocido, a la que aquello de lo que tratamos no es ajeno, y perdiendo cada día más el control de mi vida en sociedad, sigo dando por bueno el mensaje de que la era de la información nos traería mayor productividad y soberanía personal?
  2. ¿Por qué, sea cual sea la respuesta a la primera pregunta,  sigo pensando que cuando todo pase y la sociedad de la información retome fuerza sus beneficios se distribuirán por igual, si ya he experimentado que no ha sido así?
  3. ¿Por qué siempre he tenido la guardia alta frente a las transnacionales, los oligopolios, los duopolios y los monopolios, y ahora acepto las empresas del mundo digital como si fuesen el ultramarinos de mi barrio, por aquello del global-local?
  4. ¿Por qué defiendo que algunas de esas empresas facilitan la democracia y las primaveras cuando ni siquiera pagan impuestos por sus beneficios, y bastantes presumen de plusvalías que son menoscabo de derechos y salud de otros?
  5. ¿Por qué cliqueo alegremente en el botón aceptar de unas políticas de privacidad que me remiten a los tribunales del país de origen de la empresa que me da el servicio digital (país en el que también eluden impuestos aunque se apoyen en su sistema judicial)?
  6.  ¿Por qué antes era crítico con lo que publicaban los periódicos, en razón de su declaración editorial, y ahora soy más receptivo a la información digital agregada y asumo la imparcialidad del algoritmo?
  7. ¿Por qué sería capaz de pequeños actos heroicos defendiendo viejos derechos, como la privacidad de mi domicilio, y apenas sé de qué va el “derecho al olvido”, que es la privacidad de mi vida?
  8. ¿Por qué considero que el todo gratis es una forma de liberarme del mercado, si sus promotores se basan en la máxima de que “si es gratis, es porque tú eres el producto”?
  9. ¿Por qué defiendo que no haya barreras en el mundo digital a la transmisión de los derechos de creación y propiedad, y adquiero canciones y libros que en la letra pequeña aparecen como préstamos y ni siquiera puedo legarlos a mis herederos?
  10. ¿Por qué valoro tanto Twitter, Facebook e Instagram, por ejemplo, si no estoy dispuesto a pagar 😉 por tales servicios en el caso de que pretendiesen cobrármelos?

 

El resto ya, si eso, lo vais poniendo vosotros.

This Post Has One Comment
  1. 1.No lo creo. La dirección es correcta pero vivimos en un exceso de información en el tiempo, en su medida es bueno, en exceso es caos y superficialidad.
    Esta sociedad nos ha convertido en seres que hablamos de todo y no sabemos de nada. Nos falta la medida o verdaderas herramientas de control.
    2. La sociedad económica que hemos vivido esta rota para siempre, nos espera una nueva sociedad por nacer, donde el trabajo y el dinero dejaran de ser los centros de nuestra vida.
    3.Vivo en la superficialidad y en el caos(1.) y no percibo la manipulación.
    4. No defiendo tal cosa
    5. Aún no he decidido recluirme en un monasterio y aislarme del mundo.
    6. En este mundo de miles y millones a pocos les importa mi opinión, (en el camino he perdido una buena parte de mi valor social), ahora soy un clic, más o menos anónimo. Antes podía creer que alguien me tenia en cuenta por nombre y apellidos.
    7. Se ha convertido en una batalla inicialmente y aparentemente perdida de un ser minúsculo frente al universo. No vale la pena
    8. Ciegamente he transformado “el tener libertad” “en poder consumir” para caer en esta ratonera como hemos caído, nos lo ofrecen todo gratis, ahora ya no se trata de poder decir, sino de poder usar y consumir. Si nos suprimen el gratis nos quitan la libertad porque no tenemos suficientes recursos económicos (ni democraticamente distribuidos) ni tendremos, para pagar eso que ahora es gratis.
    9. Es un problema que arrastramos de la sociedad económica de la que procedemos, en esa sociedad establecieron que la propiedad nos daba libertad, ahora han dicho que la libertad es consumir. En esta transición de un mundo con dinero aun mundo sin dinero estamos viviendo la perversión de que el intermediario se apodera de la obra del autor.
    Aparte, el sistema del que procedemos pervirtió el sistema, al permitir que un trabajo real de unas pocas horas se convirtiera en una maquina de atesorar dinero para el mismo autor y sus herederos, por muy bien hecho que este el trabajo es un sistema injusto.
    10 . Sino, no existo https://plus.google.com/100125216216721633658/posts/WexozKVeoeQ

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