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DarkSocialWeb

Dark Social como respuesta a una internet que nunca olvida

Por Pablo F. Iglesias

Seguramente alguna vez te habrá pasado. Llegas al despacho, “despiertas” el ordenador (¿quién apaga ya los dispositivos?), y antes de empezar con el trabajo diario, consultas un poco la actualidad.

Para algunos (la mayoría, me temo), esto pasa por abrir el Facebook y ver lo que cuentan los conocidos, para otros, consultar el timeline de Twitter (bien por esa curación inicial de fuentes) o recurrir al periódico de turno (menos bien, pero aceptable 🙂); quizás incluso haya alguno en la sala lo suficientemente geek para tirar de RSS propios (¡eres de los míos!). Y es así como llegas a ese contenido en particular.

Lo miras de pasada, que hay muchas cosas que hacer y poco tiempo que perder, y te viene a la mente ese amigo del alma al que seguro que le interesa.

Hay que hacérselo llegar, pero ¿cómo? Quizás optes por compartírselo en público, haciendo uso de esos botones sociales que en muchos casos parecen de adorno, o quizás, y aquí empieza lo interesante, optes por copiar el enlace y compartirlo en privado.

De esto último va el artículo. Y como la mayoría de cosas en la vida, tiene un nombre: Dark Social Web.

No me lo he inventado yo, que conste, aunque sí me he tomado la licencia de meterle la coletilla final, por algo que entenderás un poco más adelante. Y curiosamente, es una tendencia, como corrobora la encuesta de RadiumOne: The Light and Dark of Social Sharing (EN), realizada a 9000 usuarios escogidos (aparentemente) de forma aleatoria. Ojo, va un tiro en el pie.

La cuestión es muy sencilla. Cada vez compartimos más cosas públicas (vídeos, artículos, aplicaciones,…) de forma privada, ajena a los dominios de esas arañas de monitorización. Desde DMs, pasando por mensajes privados, emails y demás farándula de la web personal, del tú a tú.

Los más jóvenes (por eso de que los papis ya están presentes en todos los rincones digitales) y los más viejos (porque a fin de cuentas este tipo de comunicación es más natural) son los que más practican el Dark Social, y por tanto (a no ser que tengamos robots haciendo el trabajo sucio), menos en la web abierta.

Y va en contra de todo eso de la Web Social que nos han metido entre ceja y ceja estos últimos años. Que es muy bonito aparentar que leemos todo eso que compartimos en Twitter, pero a la hora de la verdad, lo que de verdad (valga la redundancia) nos interesa, lo compartimos en privado, sin dejar rastro y sin ser los más guays del patio.

Y curiosamente, de nuevo para lamento de los “social marketeros”, esto se alinea mejor con la manera que toda la vida hemos tenido de comunicarnos: no tanto lanzar un grito para ver quien nos oye, sino de disparar una píldora informativa a nuestro interlocutor, como si de un francotirador se tratase.

Por el camino, huimos de la presión social (esas notificaciones las carga el diablo) y del peso que supone realizar acciones en un ecosistema que nunca olvida. Lo efímero como respuesta a lo social es un primer paso, pero si aún así queda testimonio por algún lado (filtraciones, volcados de bases de datos, hackeos,…), por qué no comunicarnos de tú a tú en algo tan humano como la compartición de información.

Porque al final la web social no deja de ser la web de siempre, y por más y más canales que nos metan, seguiremos siendo nosotros mismos. Quizás caigamos en el hippie durante un tiempo, pero al final volvemos a nuestras raíces. Compartir, sí, pero entre los míos. Aportar valor, claro, pero hacia quien me interesa.

¿Quiere esto decir que SocialBrains no cree en Social INtelligence? Todo lo contrario: creemos tanto en ella que sabemos también dónde están los límites, y que es lo que jamás podremos ofrecer, salvo que para ello nos saltemos las leyes, o nos dediquemos a vender humo.

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