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En defensa de los algoritmos subjetivos del consumo de contenidos

La primera vez que me hablaron de “Apocalípticos” e “Integrados” tenía 20 años, más músculo y más pelo que ahora, y una visión, dicen quienes me conocían, romántica de la realidad. Entonces me ponía siempre de parte de los apocalípticos. Hoy, con la cabeza despejada y las neuronas más gastadas, vivo del lado de los integrados, y me siguen diciendo que soy un romántico. Ergo algo falla, entonces o ahora.

Hace unas semanas el incansable Pablo F. Iglesias me retaba en este mismo blog a debatir acerca del control de los medios de información por parte de las nuevas plataformas de contenidos, a raíz de la transformación de la aplicación de revistas de Apple en ‘News’, un agregador de noticias al estilo de los pasos que hemos visto dar en tantas aplicaciones como Flipboard, News Republic, Facebook (Paper – Instant Articles), o la propia Google con la evolución Reader – Currents – Kiosko. Lo hago ahora, con agostidad, confiado en que el impacto será menor y así se evidenciará menos mi escaso conocimiento de la materia frente a un todoterreno como Pablo.

De la militancia intelectual de Pablo en el bando apocalíptico no cabe duda. El antepenúltimo párrafo de aquel post es un gancho directo a la sociedad del conocimiento desposeído de sus tradicionales propietarios y proveedores: “Hipotecamos por tanto a la sociedad de la información, y lo hacemos felices puesto que el regalo viene muy bien envuelto”. El debate es clásico: si cedemos en terceros el control del contenido que consumimos, corremos el peligro no solo de ceder un espacio de soberanía (elección de temas y fuentes), sino el riesgo de caer en las garras de malvados intereses que buscan obligarnos a consumir determinado tipo de contenidos.

La formulación de esta propuesta me atrae, como ex periodista que soy bregado en más de una ocasión en teorías conspiranoicas. Y en realidades que superan a la ficción por goleada. Sin embargo, mi lectura de los hechos es la siguiente: ya sé que tengo que vivir el resto de mi vida bombardeado por todo tipo de mensajes, así que prefiero aquella plataforma que vaya a brindarme los mensajes más afines a mis intereses. Siempre cito la persecución en el suburbano en ‘Minority Report’ como uno de los escenarios que no solo me parecen reales a corto plazo, sino necesarios: publicidad ajustada a mi proyecto personal. ¿Quieres que consuma? Pues interésate por mí. Manifiesto Cluetrain en toda regla.

Adiós segmentación, adiós business

¿Significa eso que pierdo mi libertad de elegir? Como se ha puesto ahora de moda decir, IMHO (en mi humilde opinión), lo que viviremos es la enésima traslación de este fenómeno que algunos llamamos “Transformación Digital” y que otros utilizan para vender lo mismo que hace unos años: Social Media. La libertad de elección se transforma, y se traslada a la elección de la plataforma que mejor se ajusta a mis intereses. En menos de lo que dura un tango, es decir veinte años, habremos pasado de elegir (es un ejemplo), entre El País, El Mundo, el diario provincial de turno y el telediario de La Primera, a elegir entre Amazon, Google, Apple y Facebook. Con la diferencia de que los anteriores proveedores no tenían que cuidarse de darme lo que demando, y los nuevos sí, y además cada vez seré más exigente con ellos. Y si fallan, yo les fallo. Adiós segmentación. Adiós business.

Las plataformas digitales las construyen los consumidores. YouTube es lo que es, entre muchas otras razones, porque para el consumidor medio, anteriormente conocido como “masa”, le parece el mejor proveedor de contenidos audiovisuales. Todo negocio debe buscar monetización y rentabilidad, pero no a costa de perder usuarios. Si la web de la gran G empieza a mostrarme prerolls que no puedo evitar, quizá me marche. Quizá nos marchemos unos cuantos. No se trata de movimientos justicieros en pos del mejor contenido a cambio de nada, sino de evoluciones naturales del mercado: si hueles a dinero fácil, conmigo no cuentes. (Y ahora, si quiere alguien, debatimos en serio sobre la crisis del periodismo).

Dicho de otra manera, al negocio digital se le consiente que gane dinero, pero “se lo tiene que currar”. Mejor aún: ya que hoy en día todo negocio es digital, o estará muerto en unos años, cualquier negocio tiene que trabajar duro para captar a sus usuarios, fidelizarlos y comerciar con ellos… y no “contra” ellos, como ha estado sucediendo hasta la era Internet. Cuando hablemos de Transformación Digital, please, hablemos en estos términos.

Kayak de las noticias

Afirma Iglesias en su post que “el medio ya no está bajo el control de los generadores de contenido, sino bajo el control de los proveedores de tecnología”. Verdad que compro a medias. La realidad, por mucho que les pese a muchos periodistas (incluso buenos periodistas), es que el medio nunca estuvo bajo su control. Ellos controlaban, si acaso, y estoy siendo muy generoso, el contenido. Pero el contenido, como cualquier materia prima, hoy es un bien con mayor facilidad de acceso, por tanto con mayor necesidad de diferenciación. Si el consumidor encuentra el mismo contenido en decenas de fuentes, optará por aquella que mejor se adapte, tanto por el mensaje principal como por los anexos, a sus intereses. ¿Se imagina alguien un Kayak o un Trivago de las noticias? Pues ojo, que por ahí puede haber un filón de negocio (no me den las gracias).

Y claro, querido Pablo, que los algoritmos de cada plataforma no van a ser objetivos. Se trata precisamente de que no lo sean. ¿Qué objetividad cabe reclamar en un entorno de subjetividades crecientes, que son precisamente las que aseguran el comercio de datos para la segmentación del contexto publicitario? Los consumidores de contenidos nos hemos vuelto un poco “pijos”: dame lo que quiero y dámelo ahora. Pero no es nada comparado con cómo nos vamos a comportar de aquí a unos años. Tú, plataforma, podrás decidir qué me ofreces. Pero si no me convences… tengo a donde ir. Al menos de momento.

Como futurible, asusta un escenario dominado por cuatro grandes corporaciones que controlan todo el flujo de contenidos. Pero si me lo permiten, me asusto más cuando miro al pasado, sabiendo que mis “procuradores” de contenidos eran híbridos entre profesionales auto invocados a la construcción de una ética de la narración, y vendedores de espacios para sostener el modelo de negocio… y de paso para imponer a los primeros qué silencios, o qué verdades, se podían contar sobre determinados anunciantes.

¿Un romántico? Puede. Pero… ¿Y si acierto?

Este post tiene 3 comentarios
  1. Mal que les pese a los apocalipticos el contenido siempre va a ser tema de gran interes pues controlar los flujos de información es casi diria yo una tendencia propia del que quiere poder, solo que con la variable usuario es un poco más dificil ya que se puede perder su favor si sienten que estan siendo usados, en parte ahí entra un buen algoritmo como parte de esa estrategia de satisfaccion garantizada por decirlo de alguna manera, como el news feed de facebook y cosas asi, donde lo relevante pueden ser fotos y memes en vez de lo importante que puede ser una protesta nacional o un evento social de magnitud pero que no esta siendo compartido como los memes o…recetes o el ultimo video viral de fulano de tal.

    1. Justamente ahí está la gracia, Álex. El algoritmo puede ser todo lo bueno que quieras (y de hecho la mayoría lo son), pero si “se pasa de listo”, el usuario le dará la espalda. Alguien puede pensar que al final triunfan las “memeces” (cuántas veces no me pregunto si realmente “meme” viene de ahí), pero eso… no es culpa de las máquinas, es culpa nuestra, de los usuarios. Errare humanum est, ‘frivolare’ humanum est.

      Gracias por comentar.

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