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Facebook Mobile

Del perfil al canal: Hay un nuevo rey del contenido en internet

Por Pablo F. Iglesias

Te levantas por la mañana y lo primero que haces es abrir las redes sociales. Pero lo haces desde el móvil, y éstas te muestran un timeline que poco tiene que ver con lo que habitualmente estábamos acostumbrados.

Los estados de nuestros amigos y las interacciones de las personas a las que seguimos son ahora más visuales, una transición que viene apoyada en varios cambios trascendentales de la arquitectura tecnológica de nuestra civilización, y que conforman un nuevo lenguaje social: el del canal personal.

Volvamos la vista hacia atrás. La web era muy distinta a lo que tenemos en la actualidad. Los foros dominaban, y los blogs empezaban a cobrar sentido para publicar estados de forma periódica. No artículos de larga extensión, sino un extracto, a veces personal, de algo que acababas de vivir o que te rondaba la cabeza.

Las redes sociales de entonces, el internet de estos años, era textual. Claro que había imágenes, pero quitando excepciones, cumplían el cometido de acompañar a la información, que era la que aportaba valor, y que llegaba a las retinas de los visitantes en formato escrito.

Ha pasado el tiempo, y un día te levantas y te das cuenta de que el timeline de Facebook está compuesto mayoritariamente por imágenes, por stickers y sobre todo, por vídeos. Vídeos que para colmo se autoreproducen. Y los vemos en el móvil, que ha dejado de servir (casi) para realizar llamadas, aumentado de tamaño para favorecer su principal función: la de consumir información.

Cuando empecé con esto de las nuevas tecnologías, el escritorio era quien mandaba. Ahora lo hace el móvil.

Con la llegada de Facebook, se democratizó el perfil en internet, la identidad digital. Con unas barreras de entrada relativamente bajas, cualquiera podía tener un espacio en el que escribir, en el que ofrecer algo al resto. A día de hoy, lo que nos ofrecen la mayoría de redes sociales no es un simple perfil, es un canal audiovisual. Nuestro propio canal de “televisión”, con el contenido que nosotros mismos creamos o compartimos.

Los usuarios se comunican cada vez más por imagen y por vídeo. El tener siempre a mano una cámara favorece la inmediatez de este modelo de comunicación frente a otro que ha dominado el conocimiento desde casi el principio de los tiempos. Es, a fin de cuentas, más rápido y sencillo grabar un vídeo que escribir en dispositivos móviles. La tecnología del siglo XXI está enfocada en ofrecer una experiencia mejor para lo audiovisual, con conexiones más rápidas, con interfaces más gestuales y menos textuales. El internet de las cosas, con los wearables en primera línea, dibujan un presente próximo en el que el teclado queda relegado a un segundo término, a esos momentos en los que de verdad se precise, puesto que el resto de la jornada la pasaremos delante (o detrás) de una cámara, de un micrófono.

Incluso para los SEO y los SM internet debe ser visual. Una actualización tiene cuatro veces más de interacciones si es gráfica. Las infografías pueblan el internet social, pese a que son menos flexibles que el texto.

Y todo esto no me lo saco de la manga. Entre 2013 y 2014, los clientes de Facebook publicaron un 75% más de vídeos (EN). Una media de más de 350 millones de fotos al día, sin contar los 300 millones de fotos y vídeos de Instagram. Y el 65% del visionado de todo este contenido visual se realiza, como no, desde el móvil.

Youtube es desde hace años el segundo buscador más utilizado del mundo. Por delante de Yahoo!, de Amazon o de Bing, sí. Por delante de Facebook. Y eso que “solo” es un agregador de vídeos.

Los chicos de Zuckerberg no pierden el tiempo, y aprovechan el tirón para seguir comprando expertise en vídeo. La semana pasada caía QuickFire Networks (EN), dedicada a la compresión de archivos audiovisuales. Twitter no se queda atrás, y anunciaba al día siguiente que está a puntito de lanzar su plataforma de vídeo nativa (EN). Que al parecer no es Vine, aunque seguirá con la estrategia de que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Un paradigma que enriquece el trabajo de los que nos dedicamos a la inteligencia social. Ahora en nuestra maleta no pueden faltar herramientas de análisis de sentimientos en contenido audiovisual, sistemas que comprendan el lenguaje gráfico, algoritmos que sean capaces de “leer” un vídeo. Y sobre todo, “cambiar el chip”, la mentalidad, y perder el miedo a enfrentarse a una cámara, a sacar valor de este tipo de formatos, más hostiles (afortunadamente) a la automatización.

Porque ahí es donde el consumidor está. Porque es justamente eso lo que el cliente demanda.

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