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Economía digital a golpe de entrevista

La economía digital ha cambiado el sistema de intercambio vigente desde los inicios de nuestra civilización. El que las fronteras se diluyan bajo canales digitales, y que el entorno anime a mantener un comercio basado en la licencia y no en la posesión, son algunos de sus detonantes.

Motivo de ello, me he propuesto preguntar a los dos socios de SocialBrains, David de Silva (@amraxx) y Alfonso Piñeiro (@alfonsopineiro) sobre este tema, y contrastarlo con mi visión, quizás influenciada por la generación a la que pertenezco (millennial).

Este ha sido el resultado :).

Como veíamos recientemente, parece que parte de los modelos de negocio digitales se están extrapolando al entorno físico, ¿Cómo afronta vuestra generación esa ruptura del “compro un producto” al “compro el uso de un producto”?

D.dS.: Pues primero es necesario un cambio de mentalidad, donde pasamos de la “posesión” al “disfrute” de productos y servicios. En segundo lugar es importante analizar bien los costes, ventajas e inconvenientes del nuevo modelo, ya que en casos como el Software as a Service, muchas veces los nuevos modelos de negocio están planteados para beneficiar al proveedor, sin ofrecer suficiente valor añadido al cliente a cambio de su cuota, porque en realidad es de lo que se trata, de convertir a los propietarios en suscriptores.

A.P.: Mal. ¿Digo mal? Fatal. Nuestra generación, y dentro de ella me temo que la made in Spain, tiene demasiado asimilado el concepto de propiedad: un coche, una casa, un ordenador; o varios de cada, si se los puede permitir. Es una generación que todavía no es capaz de vislumbrar, ya no digo entender, que dentro de unos años las posibilidades de la tecnología hagan ridículos conceptos como esos. ¿Quién va a querer UNA casa teniendo múltiples para elegir cada noche? ¿Quién va a querer UN vehículo pudiendo operar varios y se transportado en tantos otros cada día?

¿Consideráis acertado este modelo respecto al que hasta ahora estaba vigente?

D.dS.: Yo, personalmente me considero más resignado que convencido… por ejemplo, me considero cinéfilo y prefiero comprar un DVD por 20€ que adquirir los derechos de una película durante 48H en una plataforma de vídeo on demand por 3,99€. Dejando de lado mi faceta de consumidor, como empresario sí considero más rentable pagar una cuota mensual (o alquiler) por un espacio de trabajo y dejar que sea el proveedor el que lidie con una legislación cambiante (y en muchos casos disparatada) para poder centrarme en generar negocio, que es mi cometido. En definitiva, más que generalizar sobre el modelo, habría que decir que unas propuestas son acertadas y otras no, en función del equilibrio entre costes y beneficios del que ya he hablado.

A.P.: Nada resulta acertado ni desacertado cuando es fruto de la propia evolución tecnológica. Y la evolución como tal tampoco tiene un criterio moral de acierto: es la propia presión social la que impulsa a los investigadores a desarrollar nuevas soluciones para las necesidades. Si he de dar mi opinión, diré que en todo caso será más lógico: avanzamos a un mundo más liviano, con menos peso en la mochila, con más opciones de background inmediato, con mayor capacidad de decisión ejecutiva y con mayor aprovechamiento de la inteligencia social. Ni mejor, ni peor: diferente.

Presuponiendo que la tendencia siga su curso, ¿no creéis que habrá un límite en el número de suscripciones mensuales que una familia podrá soportar?

D.dS.: El límite de suscripciones lo marcan tanto el presupuesto familiar como las necesidades específicas, por lo que muchos de estos servicios tenderán a ofrecer contendidos, productos y servicios de nicho (como ha hecho Youtube con su canal infantil) para adaptarse a las necesidades de la familia… (Una familia de 4 miembros necesita 4 suscripciones a Spotify o una suscripción familiar que permita a sus cuatro miembros disfrutar del servicio en sus dispositivos personales y de forma simultánea).

A.P.: No más que los límites que son concebibles en conceptos de economía de escala aplicada al ámbito familiar, y en todo caso menos que los límites que impone una lógica de consumo que ya ha quedado superada por los nuevos escenarios. La propia retroalimentación del proceso de suscripción asegura un coste marginal menor por cada “alquiler” de producto. La cadena del nuevo proceso productivo es: oferta a cambio de datos – utilización de datos para extracción de BI / Social Intelligence – reasignación de ofertas (remarketing) – personalización – maximización del beneficio – reducción de costes.

En tal caso, ¿en cuánto creéis que estaría el límite?

D.dS.: El límite lo marcan las necesidades de los usuarios y, por supuesto, su capacidad financiera. Yo estoy suscrito a cuatro servicios de vídeo on demand y otros tres servicios de suscripción que me dan acceso a bibliotecas y hemerotecas. Como muchos de ellos me ofrecen contendidos duplicados, finalmente terminaré “desprendiéndome” de varios de ellos y finalmente sólo seguiré suscrito a los que mejor se adapten a mis gustos o necesidades, o los que me ofrezcan una adecuada relación calidad/precio.

A.P.: El límite lo va a señalar el mercado, y ese mercado estará formado más que nunca por las agrupaciones de consumidores. La vigilancia de la calidad en el producto, la capacidad de expresar el desafecto con un servicio, y la sinergia de usuarios en plataformas sociales van a permitir ensanchar los límites en la capacidad de suscripción de servicios (contenidos incluidos). Por eso es tan importante denunciar cualquier intento de la burocracia administrativa por censurar la red o bloquear su neutralidad. No es una cuestión de derechos. Es una cuestión de eficacia económica.

Un modelo de suscripción se me antoja, a priori, bastante acertado en un escenario como el digital, donde el coste de producción del primer producto es prácticamente el coste total de producción de toda la cadena, pero ¿cómo encaja esto en los modelos tradicionales, donde realizar una copia de un producto y escalar esto para cubrir una demanda exigente requiere una inversión considerable?

D.dS.: Evidentemente, hay sectores en los que este modelo se puede aplicar de una forma mucho más natural que en otros, e incluso hay otros sectores (como el de la restauración) donde no le veo mucho sentido. Sin embargo, en aquellos donde se pueda aplicar, creo que conocer de antemano la demanda que vas a tener en un período determinado es positivo, ya que te permite ajustar la producción, la negociación e incluso la plantilla a lo que necesitas en cada momento.

A.P.: ¿En un modelo físico, quieres decir? Hola, impresión 3D. Hola, asistencia remota mediante realidad aumentada. Hola, algoritmos aplicados en capas de realidad virtual. Adiós, propiedad industrial. Adiós, propiedad intelectual. O mejor dicho, adiós viejos modelos de desarrollo propietario (software incluido), que no serán capaces de hacer frente a las presiones de un mercado más ágil, oblicuo, líquido y en permanente conversación con el cliente.

¿En qué lugar deja a los negocios familiares? Esos que quizás sean incapaces (por logística, por inversión,…) de afrontar un cambio tan radical.

D.dS: No quiero ser agorero, pero creo que corren malos tiempos para los negocios familiares, que tienen competir con el poder de negociación y los precios de las grandes superficies, así como lidiar con una política recaudatoria, fiscal y laboral que no les beneficia en absoluto. Sinceramente opino que estamos inmersos en un cambio de época y mentalidad, no sólo de modelo de negocio, y que salvo algunas excepciones donde la calidad, la exclusividad, el trato al cliente u otros factores de prestigio o nostalgia les permitan marcar la diferencia, los negocios familiares pasarán de ser la espina dorsal de nuestra economía a ser sólo una anécdota…  y creo que eso no es sólo negativo para los afectados, sino para todos los consumidores.

A.P.: Hay un tipo gallego que empezó por una industria familiar, y por aplicar la inteligencia de los ciclos de consumo de los nuevos tiempos, que tienen mucho que ver con la transformción digital, ha acabado ocupando las calles y esquinas más caras de las principales ciudades del mundo. ¿Conoces a Roman Kirsch? Pues ojo que está tomando el relevo, y técnicamente es un negocio familiar. Conozco a una familia riojana que vende setas y que gracias a combinar exclusividad, calidad y negocio digital, hoy vende en media Europa. No sé si he respondido 🙂

Para terminar, consultemos nuestra bola de cristal. ¿Qué sectores se sumarán a la fiesta de aquí a cinco años, y con qué modelo de economía digital creéis que lo harán?

D.dS.: Si miro en mi bola de cristal, veo una gran burbuja en este campo… cada vez más negocios se sumarán a este modelo, hasta que los usuarios y las empresas finalmente comiencen a discriminar y finalmente sólo queden en funcionamiento los que hayan sabido entender esta transformación, lo que llevará (como sucedió en nuestro país con la prensa gratuita) a la concentración de la oferta en unos pocos operadores y la desaparición del resto.

A.P.: Si extraigo mi particular bola de cristal, el cambio más radical lo veo en dos sectores cuyo cambio va a afectar a nuestro estilo de vida: transporte y vivienda. En el primero, veremos surgir actores operados por empresas tecnológicas en el que habrá un abaratamiento constante de los precios a cambio del aprovechamiento de nuestros datos para generar beneficios vía cross-selling; en el segundo, y habida cuenta de esa nueva flexibilidad, veremos una importante caída de precios fruto de la devaluación de la vivienda como lugar único de soporte para toda una vida: habrá un auge del alquiler y sobre todo de la multipropiedad. Claro que para que todo ello suceda se necesita una regulación administrativa de la que nuestras paquidérmicas instituciones están todavía a años luz.

¿Qué te ha parecido? ¿Algo más que añadir?

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