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Nintendo Nasdaq

El éxito de la apertura

A finales de la semana pasada Nintendo sacaba el que sería su primer videojuego para una plataforma distinta a la suya: Pokemon Go (ES).

El desarrollo, que corría a cargo de Niantic (EN), hereda algo más que simplemente la funcionalidad de otro juego para móviles que en su día supo aprovechar la realidad aumentada: Ingress (ES).

De hecho, cualquiera que lo haya probado estos días (cosa que te recomiendo encarecidamente, hayas saboreado o no en tu juventud el néctar de esta serie de dibujos animados), se podrá dar cuenta de cómo la base del juego (el mapa donde van saliendo los distintos elementos de interacción) está copiado del juego original de Ingress y adaptado al mundo Pokemon.

Se han escrito estos días ríos de tinta al respecto, y hasta le ha tocado a mi compañero Alfonso y un servidor hablar sobre ello en la radio, y es que sin lugar a dudas estamos ante un producto que como mínimo sorprende:

  • Por el interés que suscita: Lanzado inicialmente en EEUU, Australia y Japón, rápidamente se ha expandido de manera no oficial (mediante su descarga en markets de aplicaciones de Android e iOS alternativos, con el riesgo que ello supone (ES)) a buena parte del resto del mundo, lo que ha hecho colapsar momentáneamente los servidores de la compañía.
  • Por las anécdotas que algunos han vivido: Desde jugadores que, en su afán de búsqueda de un nuevo espécimen para su colección, se han encontrado con un cadáver de carne y hueso (ES), pasando por personas que han estado utilizándolo para atraer jugadores a un lugar alejado y atracarles (ES), despidos debidos a una crisis reputacional (ES) que afecta en primera instancia a un directivo, y en segunda a la presencia de esa multinacional en un país, hasta cuerpos del orden siguiendo el juego (ES) de algunos ciudadanos.
  • Por el valor que supone el éxito para Nintendo.

Sobre este mismo punto quería hablar en profundidad, y es que el que el valor de las acciones de la compañía haya aumentado en esta escasa semana alrededor del 41% (unos 9.000 millones de dólares (EN)), es una gran noticia tanto para Nintendo como para el resto de la sociedad.

Por una razón tan crítica como poco analizada en las noticias que he ido consumiendo estas últimas jornadas: La compañía nipona se ha negado sistemáticamente desde su nacimiento a sacar sus franquicias fuera del ecosistema propio.

Es, a efectos prácticos, aún menos laxa que Apple con su propiedad intelectual, lo que la ha llevado a ocupar durante años un papel profundamente relevante en el entorno gaming (muchas de las mecánicas que a día de hoy tenemos interiorizadas del sector de la gamificación en todas sus vertientes se las debemos, seamos o no conscientes, al I+D de esta compañía) sin ni siquiera ser a día de hoy un ente de peso fuera de sus fronteras, con una Sony y una Microsoft que se dividen el pastel de occidente.

Que este desarrollo haya causado tal volumen de hype solo demuestra que la estrategia de Nintendo ha sido hasta ahora un error. Que el futuro pasa por abrirse a nuevos mercados, donde quizás no controlen toda la cadena, pero (y esto es lo más importante) cuentan con el beneplácito del consumidor (y parece que también del accionista).

Empezando por quien escribe estas palabras, que aunque tenge por casa una WII (debe hacer como dos o tres años que no la enciendo), no contemplo volver en medio-largo plazo al ecosistema Nintendo, pero sí veo con buenos ojos disfrutar de esos títulos que tantas horas de disfrute me han dado en la infancia en entornos más casuales, como puede ser el smartphone.

Y siguiendo por todas esas generaciones que ahora mismo están saliendo a la calle para “hacerse con todos”.

Bien por Nintendo. En serio.

Que aunque éste repentino caso de éxito quizás acabe disipándose en las próximas horas (cosa muy probable, todo hay que decirlo), marca el camino a seguir.

Como también lo hace, por cierto, el buen uso de la realidad aumentada. Pero eso me lo guardo para otro momento :).

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