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Racismo Redes Sociales

España lidera el uso de redes sociales… para bien y para mal

Dos estudios de la Universidad Internacional de Valencia, sacan lo bueno y lo malo de la transformación digital de la sociedad española.

Empiezo con lo bueno, que siempre es de agradecer. Según los investigadores (ES), lideramos el ranking mundial de penetración de redes sociales en la ciudadanía. Con una media mundial del 29%, España lidera con un 47%, a raíz de alrededor de dos horas diarias de uso.

La feroz implantación de los dispositivos móviles en la sociedad española ha hecho que estos últimos años hayamos sufrido un aumento exponencial tanto en uso como en conexiones, que ya llegan hasta los 20,6 millones de ciudadanos.

Maria Dolores Romero, profesora del Grado de Educación Infantil de la VIU, esperaba con este estudio hallar la fórmula para humanizar el entorno digital, una tendencia que se está extrapolando en la mayoría de sectores tocados por la tecnología bajo el paraguas de la Tecnología Invisible (ES) (conforme más avanza la tecnología, menos interesante se vuelve como producto y más como soporte o herramienta para el objetivo final), y una necesidad, habida cuenta de que con dos tercios de los jóvenes conectados, se podría caer en “problemas de deterioro del juicio, baja tolerancia a la frustración y confusión en la toma de decisiones“.

Y precisamente humanizar es una de nuestras asignaturas pendientes, puesto que en otro estudio, de Julio de este mismo año, Joan M. Oleaque, coordinador del Máster en Comunicación Científica, llegaba a la conclusión de que Internet sigue siendo en España uno de los principales canales para la difusión del racismo y la xenofobia.

En el estudio Racismo en Internet: webs, redes sociales y crecimiento internacional (ES/PDF), Oleanque alerta de que el racismo alcanza “cotas de enorme preocupación“, y que está precisamente “avanzando en países que se suponen más desarrollados”.

 

En esta línea, se destaca que el ciberodio crece en la recolección juvenil del desengaño y el desconcierto” y las webs radicales venden a través de Internet “merchandising para que los internautas se identifiquen como nuevos camaradas”.

Una suerte de tribu digital que basa su nexo de unión en el ataque a los colectivos minoritarios, y que llega en algunos casos a volverse una verdadera maquinaria de adoctrinamiento para el terrorismo ideológico (ES), en sus múltiples representaciones.

Entraríamos entonces en el debate sobre si internet debería contar con una regulación distinta a la que ya existe para controlar cualquier tipo de injusticia racial, y la respuesta no es sencilla.

La reforma del Código Penal del 1 de Julio adelanta un escenario en el que este tipo de acciones son calificadas al nivel de infracciones serias en el mundo físico, como podría ser la posesión de droga o el maltrato entre cónyuges.

Y por otro lado, puede ser entendida como una manera de ganar control por parte del gobierno en un entorno distribuido que por momentos se les escapa, afectando quizás al derecho de libertad de expresión o incluso de denuncia de abuso de autoridad.

En fin, que tenemos debate para rato… Nuevo escenario, pero los mismos fantasmas de siempre. Y un nuevo campo de batalla al que acudir, esperemos, para estar en contacto con los nuestros, para hacer negocios y también para disfrutar pacíficamente.

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