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“¿Está Obama planeando un golpe de estado?” y otras preguntas semejantes

Párate un momento y pregúntale a Google si Obama está planeando dar un golpe de estado.

Google lo tiene muy claro: ¿La respuesta? Sí.

¿Por qué ocurre esto? Sencilla y llanamente porque el sistema de respuestas rápidas de la compañía, presente tanto en el buscador como en Google Now, en nuestros Androids, en el traductor y en todos aquellos poseedores de un Google Home, se basa en la contextualización de los artículos posicionados en su indexado. Artículos falsos que compiten en interés con los medios reputados, con fuentes de información fidedignas.

La pieza publicada en TheOutline (EN) puede servirnos para profundizar en este asunto, que compete, como veremos, a múltiples frentes.

La lucha contra los hoax y las noticias falsas es crítica en un escenario cada vez más dependiente de sistemas automatizados de recomendación de contenido. En el momento en que aceptamos que sea un algoritmo el que, en base a una serie de criterios endógenos y exógenos al usuario, nos recomiende qué consumir, estamos expuestos a este tipo de falacias.

En su momento, con la televisión y la prensa como medios centralizadores del discurso, la situación era parecida pero no tan grave. A fin de cuentas éramos nosotros quienes decidíamos qué canal ver y qué periódico consumir, sabedores (o al menos potencialmente sabedores) de la línea editorial del mismo.

Pero en la actualidad estos sistemas se vanaglorian de ser neutrales, cuando realmente, y debido a las burbujas de filtros (ES), son de todo menos objetivos.

Somos lo que comemos, que dicen algunos, y eso se ve materializado en la sociedad en el momento en el que todos aquellos que viven de inventarse conspiraciones adquieren relevancia informativa.

Bajo esta perspectiva, y puesto que el negocio les va en ello, tanto Facebook como Google ya están moviendo ficha. Pero lamentablemente van demasiado lentos.

En la Red Social ya empezamos a ver los primeros signos de ese acuerdo de verificación con medios reputados. Como explican por Gizmodo (EN), una alerta de noticia potencialmente “cuestionable” (parece que por ahora no quieren ir más lejos) acompaña a aquellas piezas que varios editores han marcado como tal.

Pero, como decía, la alerta llega con una semana de retraso. Una semana en la que esa noticia bien se podría haber hecho viral, impactando en quizás millones de personas.

¿Es problema de falta de analistas? ¿De que todavía no se ha puesto toda la carne en el asador?

Como decíamos hace poco, las elecciones francesas están a la vuelta de la esquina. Y el buen devenir de ellas, para que no nos encontremos ante otro “Trumpetazo”, pasaría precisamente por tener lo más perfilado posible este asunto.

La distribución de contenido falsificado por medios digitales es ya una estrategia política que ha demostrado ser altamente eficiente (ES) en buena parte de los movimientos populistas modernos. La limitación del alcance de este tipo de noticias, unida a las etiquetas adecuadas (como parece que han decidido hacer por Facebook), a la expulsión lógica del negocio publicitario a todo medio que haga de este tipo de contenido su mantra, y al acompañamiento de fuentes de información auxiliares con la idea de que sea el usuario quien tenga a mano información para refutar el contenido, parecen a priori las mejores aproximación para mitigar los efectos dañinos de este tipo de propaganda.

Es, de facto, una guerra en la que el tiempo juega a nuestra contra. Tan importante de solventar como lo es la política o el bienestar social.

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