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Analitica WEB

La estrategia digital NO es predicción, es analítica

Hace unos meses, en una reunión de trabajo con uno de nuestros clientes, surgió el tema de la venta de humo.

La cuestión es que nosotros como proveedores de analítica y comunicación, y ellos, como a su vez proveedores de servicios técnicos para otros clientes, entrábamos en el mismo saco: el tecnológico.

Un sector cuyas tendencias fluctúan caótica y descontroladamente, según el momento y la causalidad. Tan pronto algo funciona como deja de funcionar, siguiendo ciclos de difícil predicción, al estar envueltos numerosos elementos (aleatoriedad incluida) que en suma hacen que una tecnología, que un servicio, prospere por encima del resto de alternativas, y que otro se vaya al abismo irremediablemente.

De ahí que el cliente defendiera que tanto ellos como nosotros estábamos vendiendo humo. Que estábamos ofreciendo una panacea para un mal (o un bien) que ni siquiera podíamos considerar constante. Que “jugábamos” con las tendencias bajo el escudo de una supuesta profesionalidad, un supuesto conocimiento de las fluctuaciones de un mercado caótico.

Y en parte comparto este postulamiento, con algunas matizaciones.

Predicción del futuro frente a analítica del pasado-presente

Resulta imposible vaticinar lo que ocurrirá en el futuro. Al menos con el conocimiento que tenemos en este momento. Al menos sin esa psicohistoria (ES) de la novela de Asimov.

Podemos hacer cavilaciones, acercamientos a lo que es más probable que suceda, pero como quedaba demostrado (EN) hace unos años, los “expertos” no parecen tener un porcentaje de aciertos significativamente superior al de cualquier ciudadano de a pie.

El problema surge cuando en entornos como el empresarial, la estrategia es en sí misma uno de los intangibles más cotizados.

No contar con esa información estratégica no cuesta dinero, pero puede llevar al fracaso de nuestro negocio. En cambio, obtener un asesoramiento adecuado se paga a precio de oro, porque supone una ventaja estratégica para con el resto de competencia, para con el propio mercado.

Y donde hay dinero, hay estafa. Proliferan como malas hierbas los supuestos gurús. Toda esa oleada de nuevos profetas del mundo digital, que ofrecen remedios que rozan el misticismo en base a número de tweets y followers, de engagement.

Remedios habitualmente sencillos de aplicar (escriba dos artículos semanales en su blog, y difúndalos en sus redes sociales), como si eso fuera suficiente para destacar en el mundo digital. Como si de una receta de cocina se tratase. Como si el comprar la licencia de una herramienta fuera suficiente para tener éxito.

¿La realidad? Muy distinta. No hay remedios mágicos, ni trucos necesarios para prosperar en el mundo digital. No podemos saber a ciencia cierta lo que funcionará de aquí a cinco años.

Diablos, casi ni podemos saber lo que va a funcionar hoy mismo (porque si lo supiera, seguramente no estaría escribiendo esto).

En lo que podemos basarnos es en el historial pasado: En los casos de éxito. En los fracasos, en lo que funcionó. En el por qué dejó de funcionar. En lo que a la gente usaba. En lo que quería consumir. En lo que demandaba.

Y también en el presente: En lo que parece que está funcionando. En lo que parece que está teniendo éxito. En los escasos fracasos de los que nos enteramos (a todos se nos hincha la garganta al hablar de lo bueno. No tanto de lo malo). En lo que la gente demanda (porque hay que preguntarles). En lo que esperan de nosotros.

Y luego toca analizar. Porque en medio de todo ese caos desestructurado, sentar una base de analítica es lo más cercano que tenemos a predecir el futuro. Al menos el futuro cercano, puesto que si algo es tendencia desde hace unos meses, es muy raro que caiga en picado mañana. Quizás lo haga en una semana, pero entonces lo veremos, y podremos obrar en consideración.

¿De dónde se saca la estrategia digital entonces? Por SocialBrains lo tenemos claro. No de vender humo, sino de basarnos en las variables que podemos cuantificar. Y luego aplicar el sentido común, y equivocarnos (las menos veces, espero) y acertar.

Así se fija una estrategia digital. O al menos así debería fijarse si queremos que el día de mañana siga funcionando.

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