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Riesgos Empresariales

Qué malos somos evaluando los riesgos

He estado estos días preparando un viaje para el verano, y por tanto, danzando entre agencia y agencia para comparar el planning que más se ajustaba a mis intereses.

El caso es que como habrás deducido, las fechas coincidieron lamentablemente con el accidente del vuelo de los Alpes (ES) que se ha llevado la vida de más de un centenar de personas… Y el atentado a turistas en Túnez (ES).

¿Que consecuencias tiene todo esto? Que de la noche a la mañana, han desaparecido la mayoría de ofertas de vuelos a países islámicos. Incluso el día después del atentado, los cruceros que pasaban por la zona han cambiado de rumbo. Las agencias de viaje no tardaron ni 24 horas en quitar los papeles de los cristales. Al parecer ahora viajar en avión, y más a un país islámico, es una locura.

Y es curioso, porque si miráramos las estadísticas, los datos reflejan justo lo contrario:

“Sentarte en un avión te protege de otras causas de muerte mucho más frecuentes, como un accidente en coche o caerte por las escaleras.” John Kay (EN).

Al año mueren de malaria alrededor de un millón de niños (sí, solo de niños). Y al año también mueren alrededor de 10.000 personas (tirando muy por lo alto) por el terrorismo. En cambio, ¿cuál nos preocupa más?

Llevado a nuestro terrero, el de la gestión de la información, es curioso que la mayoría de empresas sigan obcecadas en proteger sus sistemas informáticos con tecnología, cuando el mayor riesgo al que se enfrentan no ataca la tecnología, sino a sus trabajadores (ES).

En 2010, el 60% de los fraudes online se hacían mediante phishing (ES/PDF). Más de la mitad, proveniente de un único vector de ataque, que a día de hoy se ha diversificado (ES), pero cuyo principio es el mismo.

¿Para qué atacar un sistema fuertemente protegido cuando tenemos detrás a una persona que, presionada de la forma correcta, nos dará acceso a todo lo que queramos?

O si lo prefieres, hablemos de social media. De la planificación de estrategias basadas en la corazonada, y no en los datos estadísticos. De enfocar recursos en aquello que la competencia está haciendo, de seguir como corderos los pasos del resto, sin tan siquiera preguntarle a nuestro cliente si es eso lo que espera.

Es un problema recurrente, y lo es porque como seres humanos, somos malísimos a la hora de evaluar los riesgos.

Nos cuesta desasociar nuestra experiencia a la del objetivo estudiado. Nos dejamos llevar por los sentimientos, recogiendo lo malo de ellos y sin aprovechar sus ventajas.

Y eso, en el mundo empresarial, se transforma en pérdidas económicas. Si no tenemos claro cómo debemos gestionar la transformación digital de la compañía, daremos palos de ciego continuamente. Tendremos que afrontar riesgos mayores que a priori considerábamos pequeños.

Peor aún, quedarnos en nuestra zona de confort solo lleva acarreado un riesgo mayor, ya que los tiempos cambian y quienes no cambian, desaparecen.

¿Es fácil romper esa incapacidad de toma de decisiones erróneas? No lo es, sinceramente, pero las nuevas tecnologías ofrecen algunas herramientas que, bien usadas (recalco lo de bien usadas), ayudan a minimizar los riesgos.

Lo que me lleva nuevamente a la gestión acertada de información, tanto interna como externa a nuestra organización.

Porque quizás entonces, con datos en mano, lleguemos a la conclusión de que viajar a un país islámico ahora mismo (y hacerlo de paso en avión) es lo más seguro. Porque quizás nos demos cuenta que para mejorar la seguridad de la compañía tenemos que educar a los trabajadores en las técnicas de ingeniería social a las que podrían estar expuestos. O quizás afrontemos una nueva realidad en la que no vale únicamente con estar en redes sociales y escuchar, sino que también hay que usar el cerebro.

Este post tiene 2 comentarios
  1. No estoy de acuerdo en algunas cosas… A ver, creo que cuando asumimos un riesgo no estamos protegiendonos de otros. No se quien es ese John Kay, pero la vida, no es uno u otro, sino, uno y el otro. Eso de que podemos elegir la forma en que vamos a jugarnosla es lo que nos parece pero no es lo que al final resulta. Estoy más que seguro, que la mayoría de los que van a Tunez y los que cogen a diario el avión usan el coche además de asumir una infinidad de riesgos adicionales, contra ellos, sus familias, terceros, sus negocios, la sociedad etc.

    Tienes mucha razón en que hay que enseñar al que no se da cuenta del riesgo que supone lo que va a hacer a que lo vea. Si es a través del razonamiento mucho mejor. Así, cuando se enfrente a una situación más o menos similar al menos estará alerta y podra pensar en que consecuencias podrían derivarse de sus acciones. Estamos en exceso acostrumbrados a los dogmas de fe y de café con periodicos que como bien indicas nos llevan a ignorar los riesgos de lo que no nos han impuesto como arriesgado…

    Yo, como enteradillo de algunos riesgos relacionados con las TIC, pero a nivel amateur, he tenido la satisfacción ue da el haber dado unas directrices a mis compañeros te trabajo, que han evitado durante bastante tiempo contratiempos informáticos. Usaba una mezcla de dogma y de formación moralista

    1. Es una buena estrategia Mikel. A veces las palabras con historias entran mejor.

      La cuestión es encontrar el equilibrio entre uno y otro punto, puesto que los dogmas tienen la parte mala de no explicar el porqué, aludiendo habitualmente al carácter de autoridad. Y la ejemplificación peca a veces de simplista.

      Hacer comprender los principios de un riesgo y dar las herramientas para solucionarlo (o minimizarlo) es a largo plazo la mejor manera de combatirlo. Pero entiendo que cuesta horrores llevarlo a cabo, y que en según qué escenarios, el argumento de la autoridad sea más directo y lamentablemente hasta más efectivo.

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