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Edil De Cultura

El caso Zapata, la huella digital… y la alfabetización digital

Ha sido la comidilla de estos últimos días. Guillermo Zapata, el fugaz edil de cultura del recién formado ayuntamiento de Madrid de Manuela Carmena, pidió a principios de la semana su dimisión hostigado por las presiones sociales de unos tweets escritos hace 4 años.

Los tweets, como bien señalaba Esperanza Aguirre (ES), habían sido muy desafortunados, cargados de un simbolismo que difícilmente es defendible, como incluso llegó a señalar el propio Zapata.

Pero esto no es un blog de política, sino de comunicación y social media, y por ello voy a dejar de lado mi opinión al respecto (y las de los componentes de SocialBrains, que son variopintas y enriquecedoras), y vamos a hablar de lo que de verdad importa del caso, que no es otra cosa que el valor que le damos a la huella digital.

Sobre el olvido y la falta de alfabetización digital

Culpa no la tiene nadie. O la tenemos todos, según se mire.

Venimos de un mundo (el físico) en el que el olvido no es un derecho, sino una limitación (ES). Uno decía algo en un bar, y eso se perdía tanto por alcance como por el propio paso del tiempo. Como mucho llegaba a oídos del perjudicado (o los perjudicados), y como mucho, te caía una denuncia…, o unas hostias, dependiendo del ámbito en el que nos moviéramos.

Quien no haya lanzado algún improperio en algún momento de su vida que levante la mano… Pues eso.

El caso es que ahora, con internet, y en especial, con las cada vez más bajas barreras de acceso a la información (ES), lo que antes decíamos en el bar ahora lo decimos en la red. Y lo que se cuelga en la red tiene la manía de quedarse ahí pegado para (casi) siempre.

Que sí, escribes eso en tu cuenta de Twitter, justo esa que por aquel entonces solo se usaba para decir qué estabas haciendo en ese mismo instante (qué bonitos esos inicios del postureo digital…), en un momento “de esos del bar” junto con los tres o cuatro frikis que te seguían. Todo en plan jocoso, en plan “el más cachondo del pueblo”, y luego te olvidas.

Porque tú (y yo, y también ese que que nunca verá este artículo) olvidamos continuamente casi todo lo que hacemos. Es eso o no dar a basto, que nuestro procesador es más bien justito.

Y entonces, pasa el tiempo. Y ese Guillermo va haciéndose un hombre y acaba, como quien no quiere la cosa, “nominado” a edil de cultura en la capi.

Y en todo este tiempo, Twitter ha pasado a ser algo sin duda mucho más grande. Que podría haber desaparecido, como la mayoría de servicios digitales que usábamos hace cuatro años, pero justo Twitter ha seguido “pa’lante”, con los dimes y diretes de cambio de batuta esperables en una compañía con vocación de startup que ahora cotiza en la bolsa. Y en donde algunos nos dedicamos también a escuchar, y a elaborar informes de inteligencia social, y a prestar servicios legítimos a nuestros clientes. Técnicas que sirven también para “cazar” a quienes se creyeron el flower power de las redes sociales, y encima no han querido, no han sabido, o no han podido tomar medidas para evitar que les cacen. Sin que eso justifique, ampare o pretenda compensar el muy discutible “humor” del “concejal fugaz”.

Y quizás en su día recorrer el timeline de alguien era muy pero que muy pesado. Y quizás ahora ya no lo sea (mentira, sigue siendo igual de horrible), pero lo que ha cambiado es que antes Guillermo era intrascendente para la mayoría de la sociedad (como seguramente lo seas tú, como sin duda lo es quien escribe estas palabras, y como lo será aquel que nunca va a leerme), y ahora resulta que tiene un cargo importante.

Y donde además de profesionales que usan sus técnicas para fines más o menos legítimos, no olvidemos que España es un país con mucho fanático de un y otro polo con muuuucho tiempo libre. Tanto como para ir dándole scroll hacia abajo hasta que ha encontrado tales desafortunados comentarios, que estarán seguramente sacados de contexto, pero eso no le resta delito.

Porque ¿y si ese futuro edil de cultura no había tenido un momento “de esos del bar” en Twitter hace cuatro años y resulta que en efecto es un antisemita?

Actuamos como en Europa saben (decir “sabemos” en España es mucho decir) actuar: pidiendo la cabeza. 

Y entregándola: el partido de la oposición se sube al carro, como debería ser. Y el partido representante aprovecha para “concederle” al edil su dimisión, demostrando que sabe escuchar (y calmar) a las masas.

Y el ex-edil abre otra cuenta en Twitter (ES), y dentro de dos días esto se habrá olvidado.

No digitalmente, porque los bits no olvidan. Pero se volverá intrascendente para quienes manejamos los bits, sedientos como estamos de “rabiosa” actualidad, e incapaces de retener algo más que el pis (y algunos, lamentablemente, ni eso).

El caso Zapata ya huele a viejuno incluso mientras escribo esto. Y dentro de unas semanas, ni siquiera recordaré que lo he escrito. Y lo que es aún peor. Los algoritmos que rigen este mundo digital sí se acordarán, pero se darán cuenta de que ya no es trascendente para nuestro perfil (ES), y por tanto, no me lo volverán a recordar. Pero el impacto sí será una muesca más en la creciente demanda de servicios digitales, que es el verdadero nombre de aquello a lo que se buscan tantos apellidos: marketing, reputación, incluso hay quien dice (decimos), “transformación”.

A esto hemos llegado. Sociedad de la información, decían. Alfabetización digital es lo que nos falta, y de paso, sentido común, tanto para hacer como para criticar.

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