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La transformación digital de la industria del séptimo arte

HBO fue consciente de antemano del éxito que tendría “Juego de Tronos” en base a los datos recopilados en plataformas de descarga de torrents. “House of Cards” ha dirigido su argumento según el feedback que los usuarios daban indirectamente a Netflix a la hora de visionar los primeros episodios. Narcos nació gracias al estudio analítico de los intereses que tenía la audiencia, en base, de nuevo, a las recomendaciones que el algoritmo de Netflix hace a sus clientes.

Son tres ejemplos, pero podríamos seguir así todo el día. Disney es una máquina de hacer dinero. En este caso, con la creación de series y películas. Pero de lo que vive Disney es del tratamiento y explotación de los intereses de sus potenciales clientes. Y en base a estos datos establecen una compleja trama de producción de obras a varios años vista.

La industria del séptimo arte ha evolucionado en esta última década hasta ser uno de los referentes indiscutibles de la transformación digital. La guerra por conquistar la pantalla del usuario ha llevado a antiguos pesos pesados de la industria a renovarse, y a que otros provenientes del mundo tecnológico se animen a dar el paso.

¿Por qué IMDB, la mayor web de catalogación de contenido del mundo, fue comprada en su día por un gigante del retail como es Amazon?  ¿Qué interés las cableras en, de pronto, competir por aliarse con el mejor servicio de streaming bajo demanda del momento? ¿Qué lleva a Telefonica a apostar por la creación propia de contenido, cuando a priori su negocio es el alquiler de infraestructura de comunicación?

En serio, párate a pensar en este escenario.

Con la democratización de los servicios bajo demanda (ES), de pronto se vuelve muchísimo más accesible el tratamiento de los datos que el usuario produce a la hora de consumir contenido. Datos como el horario de uso, el número de sesiones y las piezas reproducidas por sesión, las pausas que hacemos, las escenas que pasamos, el tipo de pantalla desde donde se consume… Con la televisión y el cine los productores tenían que basarse en la probabilidad, extrapolando los datos de un muy reducido grupo de estudio (aquellas familias que tienen un aparatito en casa, el número de entradas vendidas) para la toma de decisión. Con Netflix, Amazon Prime Video, Movistar +, HBO y compañía, esto ya no es necesario. La información que podemos obtener es muchísimo más específica (ellos controlan absolutamente todo el contenido que se puede visionar en la plataforma), y además es directa (no compartido con terceros y en tiempo real).

Todo lo que hacemos queda registrado. Y todo lo que hacemos engorda el ya de por sí basto historial de uso que permite a cada servicio de streaming ser capaz de adelantarse a los intereses del usuario. A nivel macro, cuando el propio sistema nos recomienda series o pelis que ver. Y amplio nivel, cuando todo ese volumen de información proveniente de millones de usuarios permite a la compañía que está detrás saber qué es lo que le demandan para la nueva temporada.

¿Que hay muchos usuarios consumiendo contenido sobre robots y western? Por qué no nos marcamos entonces una serie ambientada en un parque de atracciones futurista que emula ser el lejano oeste (ES) ¿Que la gente parece interesada en la Inglaterra del siglo XIX? Pues producimos otra pieza, con tintes de thriler y un buen toque de oscurantismo (ES).

La cuestión es que esto funciona. Porque no hablamos de crear algo que presumiblemente creemos que puede interesar a nuestro target, sino hacerlo en base a los datos contrastados de todos los clientes.

Adelantarse a las necesidades antes de que el propio cliente sea incluso consciente de ello. ¿Qué más se puede pedir?

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