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Globalizacion

Los límites de la globalización

Durante décadas, la tecnología y la globalización nos han hecho más productivos y conectados. Esto genera muchos beneficios, pero también hace para mucha gente la vida más difícil. Y esto contribuye a crear una gran división […]. Tenemos por tanto que encontrar el camino para cambiar el juego y hacer que esto funcione para todos.

Estas palabras no son mías (aunque bien pudieran serlo (ES)), sino de Mark Zuckerberg en una reciente actualización (EN) de su perfil en Facebook. Como cada año, el bueno de Mark se plantea un reto personal, y el de este año será visitar los 30 estados que aún no conoce de EEUU con la idea de reunirse con las gentes que lo pueblan y escuchar.

Dicho así parece de coña, pero detrás de esa mirada un tanto utópica, se esconde un problema que atañe tanto a Facebook como al resto de grandes industrias de la actualidad: la globalización no está funcionando para todos.

Es algo complejo, de lo cual generalmente solo vemos sus efectos. El avance de la robótica por ejemplo está destruyendo más trabajos de los que crea, y lo mismo pasa con todos aquellos perfiles que por uno u otro motivo no se han subido al endiablado carro tecnológico.

Puestos que realmente hace tan solo un par de décadas no necesitaban la tecnología para nada, y que de pronto se vuelve un pilar obligatorio para mantenerlo o aplicar en alguno de ellos.

Y sí, resulta fácil decir aquello de que toca actualizarse o morir. De que igual que en su día desapareció el trabajo de construcción de carros de caballo, hay que saber mirar al futuro y ser conscientes de que la mayoría de estos cambios nos dirigen a un escenario donde el ser humano tendrá más tiempo libre y menos preocupaciones banales.

Pero como decía, es fácil decirlo y difícil llevarlo a cabo. La tecnología tiene unas barreras de entrada (intelectuales, económicas y culturales) que aunque paulatinamente bajan, siguen siendo en esencia un elemento que impide y expulsa a diferentes colectivos (ES). Para subirse a ese carro no solo es necesario que la persona sea consciente de que debe hacerlo y que para colmo esté dispuesta, sino que además se tienen que juntar un ecosistema lo suficientemente rico en infraestructura que de cabida a dicha tecnología y unas necesidades básicas que deben estar cubiertas para que esta persona pueda dedicar parte de su tiempo en el aprendizaje y actualización de sus conocimientos.

Bajo este prisma, la propuesta de Zuckerberg, aunque conservadora, se me antoja profundamente interesante. El fundador de Facebook, como el resto de directivos de grandes compañías, vive en una suerte de burbuja que le aleja de los problemas reales del resto de ciudadanos. Silicon Valley, por volver al caso de estudio, no representa el sentir de EEUU, ni mucho menos del resto del mundo.

Y aunque sea a nivel puramente empresarial el aprendizaje que pueda tener Zuckerberg conociendo de cerca los problemas de las gentes de su propio país quizás sirva para reducir sustancialmente esas barreras de acceso a la tecnología de las que estamos hablando.

Recalco que es un handicap muy serio, y que tarde o temprano acabará explotándonos. Movimientos aparentemente contra natura como ha sido la victoria de Trump en EEUU o el No al referéndum de permanencia de Reino Unido en Europa son solo algunos de los ejemplos que nos ha dejado este año pasado el fracaso de la globalización.

Y pensar en pequeño y local (ES), aún con la dificultad que ello entraña, no debería dirigirnos más que en el camino acertado.

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