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Ship

Los océanos azules de la inteligencia social

Por Alfonso Piñeiro y David de Silva

“Llamadme Ismael”, empieza una de las novelas más afamadas de todos los tiempos: Moby Dick. Con el permiso de Herman Melville, nos sentimos un poco como el ballenero Pequod. Surcando los océanos, a la caza de una ballena que nos dicen que existe: la de la inteligencia social. Inasible, eterna, y causa de desdicha de aquellos capitanes que trataron de darle caza a la ligera, sin las debidas precauciones, sin los estudios adecuados, sin el equipamiento necesario.

Quizá somos unos temerarios. Quizá esta empresa es imposible sin la figura de un autoritario capitán Ahab. Pero sabemos que el mar de la conversación social, como la tripulación a las órdenes de aquel, es multicolor. Internet contiene los rudos gestos del polinesio Queequeg, los componentes salvajes de Daggoo y las cadencias ancestrales del piel roja Tashtego. Y como en el relato de la caza del Leviatán, todos los temas tienen cabida en una cascada de manifestaciones que a los ojos de los inadvertidos es caótica: filosofía, pragmatismo, religión, venganza. Lo que antes cabía en una novela hoy cabe en 140 caracteres.

 

Hasta la fecha hemos faenado en las aguas de la comunicación online, hemos compartido mesa con viejos lobos del community management, nos hemos enrolado en algún pesquero analítico, y hemos ayudado a lanzar, cuando no los hemos lanzado nosotros mismos, miles de cebos con artes de pesca de fans, seguidores y usuarios fidelizados. Por el camino hemos ayudado a que quienes nos recibían con un “yo lo que quiero es vender” dijeran “yo lo que quiero es un amor en cada puerto”, y en varias travesías hemos forcejeado con piratas de sombrero negro, con filibusteros de contenidos, con polizones de mil apellidos para las velas del marketing, y hemos remado junto a barcos amigos sin importarnos su fortuna.

 

Por tanto, nos hacemos a esta aventura con un bagaje detrás, con muchas rutas por delante y con afán de descubrir mundos que permitan a quienes nos rodean (colaboradores, clientes, socios estratégicos), situarse en zonas de liderazgo. Quizá nunca demos caza al cachalote más buscado, pero en ningún caso desfalleceremos en el intento. Quizá, como la novela de Melville, no logremos éxito comercial en el empeño; pero la vocación de perdurar nadie nos la puede quitar ya.

 

 

Una metodología y una responsabilidad

Referencias marineras aparte, los hasta ayer Comunicación y Nuevos Medios, y hoy Social Brains, pivotamos nuestra futura existencia sobre dos conceptos que no son fruto del azar: inteligencia social (Social Intelligence) y Transformación Digital. Creemos que estas dos voces aglutinan la experiencia de los años pasados y ponen sobre la mesa las coordenadas para moverse con solvencia en el terreno del online.

 

Entendemos por Social Intelligence el tratamiento sistematizado de los datos procedentes de fuentes abiertas que mencionan a las marcas y/o empresas. ¿Para reportar datos y análisis? Sí, pero no sólo para eso. También para aportar valor para la toma de decisiones, mediante el análisis exhaustivo, cualitativo e inteligente de la información conseguida, y mediante la aplicación del know-how de nuestros profesionales, transformando la información en conocimiento y en una ventaja competitiva para la empresa. Más que una actividad, Social INtelligence (SIN) es una metodología de trabajo, una manera de entender y vivir el mundo digital.

 

Pero el análisis del entorno digital no puede tener como único objetivo la participación en las conversaciones que se producen en la Web 2.0, y en el análisis del impacto de éstas sobre el negocio. La capacidad de adaptación al entorno digital es en sí misma un factor decisivo de negocio. Lo digital es un surco transversal en la vida de cualquier empresa, quiera o no quiera, por un simple motivo: el nuevo rol de sus clientes (actuales y potenciales), que quieren participar, quieren ser escuchados, quieren exclusividad y eficacia, y además conocen mejor que las empresas mismas los costes de oportunidad.

 

El mercado se reivindica a sí mismo como una individualidad colectiva inteligente. Y esa es la adaptación pendiente en muchas empresas: aceptar ese rol, asimilarlo, integrarlo en su vida corporativa y redefinir sus antiguas estructuras, para no salirse del mercado. Esa es nuestra segunda gran actividad. A eso es a lo que llamamos Transformación Digital. Más que un negocio, lo asumimos como una responsabilidad para con aquellas empresas que decidan confiar en nuestras manos. Tenemos la convicción de poner nuestros conocimientos al servicio de ese cambio que, sí o sí, les acompaña ya a cada paso que dan.

 

Tres patas para un banco

Esto es Social Brains, hasta ayer mismo Comunicación y Nuevos Medios. No hemos dejado de comunicar ni de conocer los nuevos medios. Pero era el momento de dar un paso más allá: ponerle cerebro a la parte social de Internet. Nos apoyaremos para ello en un innolab que, como corresponde al conocimiento de las muchedumbres que hace posible Internet, vivirá en un estado de Beta Permanente. Por su parte, contamos con una pata tecnológica necesaria para que no solo de consultoría vivan las empresas: dashboards, cuadros de mando, escucha activa, ciberseguridad, workflows de alertas, gestión de procesos… Eso es Dygytalya, una división imprescindible para acometer la transformación digital.

 

Levamos el ancla. Los océanos azules nos esperan. Arponeros, grumetes, jefe de máquinas: a sus puestos.

Imagen: freeimages.com

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