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Coste-movil

El móvil como una variable socioeconómica

La consultora KPCB publicaba recientemente su último Internet Trends (EN/PDF), un informe en formato slideshare en el que recorre algunos de los hitos tecnológicos de este año.

El documento consta de 213 diapositivas muy cargadas de gráficos y con un tono eminentemente económico, pero sí me ha parecido reveladora la imagen que acompaña estas palabras.

En ella, podemos ver el ranking de países en relación a dos variables:

  • El precio de un smartphone.
  • La renta per cápita.

Lo que muchos presupondríamos es que este ranking debería estar liderado por aquellos países del primer mundo donde la irrupción tecnológica se hace más palpable, y seguramente la mayoría de necesidades básicas están, de uno u otro modo, cubiertas.

Sin embargo, no hay más que echarle un ojo para darse cuenta de justo lo contrario. En Etiopía un móvil de media cuesta el 47,6% de la renta per cápita. Casi la mitad de la renta de una persona, que se dice pronto. Tanzania, Bangladesh o Vietnam están también por ahí.

Tenemos que bajar bastante para empezar a encontrar países como Alemania, Italia o España, donde el coste ronda el 1% de la renta.

Por supuesto, si comparamos Alemania con España el coste medio se dispara a casi al doble, mientras que la diferencia en % es de apenas un 0,1%. Esto se debe a la diferencia de sueldos entre uno y otro país.

Pero dejando de lado los datos en bruto e intentando hacer una lectura general, seguramente la mayoría acabemos en los mismos derroteros.

¿Cómo puede costar prácticamente lo mismo un smartphone en Etiopía que en España, habida cuenta de la diferencia económica que existe en estos dos países?

¿Qué hay de las apuestas low cost por acercar la movilidad tecnológica al resto del planeta? ¿Es que Android One (ES) no está entrando con tanta fuerza como a priori parecía?

¿O se trata más bien de un desajuste motivado por la feroz desigualdad económica de estos países, con un buen puñado de ciudadanos multimillonarios y un grueso de la sociedad viviendo al día?

Algo que, dentro de los límites, podemos observar en nuestro país.

¿Tiene sentido que buena parte de la sociedad aspire a comprarse el terminal de gama alta? Cuando realmente muy pocos van a poder/tener que sacarle todo el jugo para que de verdad merezca la pena la inversión.

A día de hoy por la calle la mayoría de adolescentes tienen un iPhone o un Samsung de última generación. Y prácticamente lo están usando para compartir contenido en servicios de mensajería y redes sociales, para jugar a Pokemon GO,…

Por contra, me cruzo en el trabajo con directivos de grandes empresas cuyo terminal de trabajo tiene lo mismo un par de años. Terminales que utilizan intensamente en cada jornada, que almacenan información muy sensible.

Por supuesto, hay casos contrarios, pero es algo que no deja de sorprenderme.

Si queremos que la tecnología acabe por llegar a todos esos millones de ciudadanos aún incomunicados digitalmente, la apuesta debería centrarse en la gama baja y media, ofreciendo una competitividad y funcionalidad más que suficiente, y sobre todo, sabiendo “venderla” como un activo, NO COMO UNA RESIGNACIÓN.

O a lo sumo, que ese inflado de precio venga motivado no solo por funcionalidad, sino por ese plus de seguridad de la información que tan crítico se está volviendo en la actualidad.

Hay cosas muchísimo más importantes en la vida, pero como ya he explicado recientemente (ES), el acceso a la información está desde hace tiempo en ese pequeño grupo de problemáticas a tratar.

Y en la base de su solución está, precisamente, el que esos porcentajes que vemos en la gráfica que da sentido a esta pieza sean cada vez más parecidos a los que hay al final de la misma, indistintamente de la renta per cápita de cada país.

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