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Fb Whatsapp

Negocios basados en datos en el ojo de todas las miradas

Interesante todo el jaleo que se ha montado estos días alrededor del funcionamiento interno de la mayoría de grandes servicios de mensajería instantánea.

El primero, Google Allo, que llegaba por primera vez a los markets obviando la promesa de cifrado de punto a punto y efimeridad de los datos (ES) que había sido uno de los dos pilares de la presentación, allá por primavera.

El segundo, respecto a iMessage de Apple, en base a un informe publicado en The Intercept (EN) en el que demuestran que los de Cupertino, a la hora de contactar con el receptor del mensaje, comprueba si éste tiene cuenta en iMessage, lo que les permite identificarlo. Algo que rema justo en contra de esa filosofía pro-privacidad de sus clientes que tanto han defendido.

Y el tercero, que salpica a Facebook, habida cuenta del cambio en la política de compartición de datos de usuarios de WhatsApp, en el que quería pararme.

Una actualización de los términos de servicio y política de privacidad (ES) que permite a la red social identificar hábitos de uso del WhatsApp, compartiéndolos entre todo su ecosistema (Facebook, Messenger, Instagram, Oculus…) con el fin de “ofrecer una experiencia publicitaria más adecuada”.

Esto no significa que Facebook pueda leer el contenido que compartimos en WhatsApp, pero sí saber que nos comunicamos más con X personas, que compartimos más o menos contenido audiovisual, a qué hora solemos ser más activos, y así un largo etcétera.

De nuevo, nada que debiera sorprendernos de una compañía cuyo negocio, como en el caso de Google, son nuestros datos. El ofrecer servicios gratuitos de muy alta calidad a cambio de que el producto seamos nosotros.

Pero es en las formas de llevar a cabo esta paulatina unión de sinergias entre su ecosistema lo que ha levantado las alarmas de varios países.

El Electronic Privacy Information Center (EPIC) y el Center for Digital Democracy (CDD) presentaron una demanda el 29 de agosto (EN) a la Comisión Federal de Comercio Estadounidense por “actuación engañosa” de una compañía que en su momento había asegurado que en la compra de WhatsApp, ésta mantendría sus operaciones de manera totalmente aislada del resto de servicios de la empresa matriz.

Y a EEUU se les ha unido recientemente Alemania (EN), ordenando judicialmente a WhatsApp a que deje de recopilar información de sus usuarios y que borre cualquier información que ya haya estado almacenando, e India (EN), exigiendo el borrado de cualquier dato almacenado por todos aquellos ciudadanos indios que hubieran rechazado los nuevos términos y condiciones, e impidiendo hacer uso de todos los datos recopilados después del 25 de septiembre.

Reino Unido (EN) y la Unión Europea, están en espera de ver cómo se resuelven estas diatribas, habida cuenta de que entonces habría un precedente para marcarse un tanto a favor de la privacidad de sus ciudadanos.

Un tema del que me cuesta posicionarme a favor o en contra, ya que por un lado está claro que prefiero no seguir alimentado los ya de por sí gruesos tentáculos de estas compañías, y por otro, me resultaría difícil fijar un límite entre lo que podemos considerar libertad de mercado y aquello que atenta contra la libertad y derechos de los ciudadanos.

¿Hasta qué punto una compañía tiene que someterse a los dictamines a los que está sometido un servicio público? ¿Hasta qué punto podemos considerar WhatsApp, o Facebook, o Google, o Android, servicios públicos (ES)? Siendo conscientes de que son una mera herramienta de negocio de compañías con ánimo de lucro, y que si han llegado hasta ahí es precisamente gracias a haber hecho las cosas mejor que el resto…

Este post tiene 2 comentarios
  1. Es que es muy difícil posicionarse a favor o en contra de algo, cuando la legislación y la configuración del Estado en su relación con los mercados está tan manchada de ignorancia, siendo benignos con los términos.

    Lo que se necesita por parte de las autoridades es apoyo a las nuevas dinámicas de la economía a cambio de garantías de protección de los derechos, y fuertes sanciones a quienes por error u omisión dejen al descubierto datos sensibles.

    Pero las autoridades públicas, que viven en la inopia de la economía tradicional, son absolutamente incapaces de operar con estas coordenadas y por tanto de gestionar los aspectos de esta economía digital. Viven de espaldas a la realidad. Es como si se estuvieran oponiendo a la invención de la rueda porque eso va en contra del desarrollo del físico para llevar bienes sobre los hombros.

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