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Prisa Digital, síntoma de viabilidad u oasis en el desierto

Los resultados de Prisa en el primer trimestre arrojan tres datos muy relevantes; dos son preocupantes y uno, alentador. Los preocupantes: las pérdidas de 8 millones de euros y la deuda de 3.173,41 millones de euros; el alentador, el incremento de los ingresos en “la actividad digital del grupo”, que llegaron a 11,46 millones de euros, con un incremento del 11,6%. Lo reseñable es que los ingresos procedentes de la publicidad de esta área son 7,31 millones de euros (+12,7%) y en estos tiempos de penumbra, malos augurios y espirales negativas sobre cómo hacer de internet un negocio rentable, para los media procedentes del papel es un soplo de aire fresco.

La calidad y las visitas obtienen al fin recompensa desde el mundo de la publicidad, pero 7 millones de euros es una miseria para un mastodonte como Prisa o cualquiera de sus partners -que diría el consejero delegado de un gran banco español-. La duda es si internet en el caso de ElPais.com va a ser capaz de generar unos ingresos tales que se pueda trasladar a muchos de los periodistas del impreso a la red para cuando los diarios sean, al estilo de algún diario latinoamericano, un producto dirigido a un público selecto capaz de pagar por una publicación reducida, con informaciones muy diferenciadas.

¿Habrá plantillas mastodónticas en la red dedicadas a producir la información de calidad que durante tantos años ha hecho El País y que ahora está descuidada, con una demasiado frecuente fe de erratas, algo impropio de un diario de referencia? ¿Habrá un público dispuesto a pagar, en el formato que sea, por esas informaciones? ¿Será El País el síntoma de un negocio viable o un predicador en el desierto, un oasis en medio de náufragos?

Me van a permitir, por un momento, una licencia sentimental. No se preocupen, pues es una licencia sentimental vinculada con el negocio, algo que seguro contentará a los tiburones de los mercados. Resulta que un buen amigo, que considera que en esta columna tiene que haber lugar para los sentimientos, me pidió que me hiciera eco de una valoración suya: “Para Prisa, el progresismo es un producto”. Duro, pero realista a la luz de cómo está resolviendo, en parte, el grupo su crisis: vía  empleados, cuando se debería apuntar a las altas esferas.

Prisa, con su doble moral -aplica a muchos de sus trabajadores lo contrario a lo que defiende en la línea editorial de sus medios de comunicación- puede acabar arruinando su negocio. Me explico: A la perdida de credibilidad le suele seguir la pérdida de lectores, oyentes o televidentes, y de ahí a la bajada de la publicidad y a las dificultades para sostener el negocio, solo hay un paso. Le lanzo el guante a la planta noble de Gran Vía, 32.

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