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Cecil

Animales y la crisis de tu marca

Son las 4 de la mañana, y no puedes dormir. Estás nervioso. Por fin, después de varios meses de arduo trabajo, has dejado a buen recaudo la oficina unos días y estás a punto de llevar a cabo uno de tus sueños.

Sales del hotel, montas en el jeep que hay a la puerta, y acompañado de un guardabosques, te diriges hacia el objetivo.

40 horas más tarde, con la adrenalina corriendo aún por tus venas, posas entusiasmado frente a la presa abatida, un león (más) de Zimbabwe.

¡Qué gran experiencia! ¡Qué subidón! El hombre frente a la bestia, y otro trofeo más que mostrar a la pandilla.

Porque no es la primera vez, y de seguro no será la última. Llamas a los familiares y amigos para contárselo, y esa noche lo celebras a lo grande. Al día siguiente, hay que volver a casa, y seguir sacando adelante el negocio.

Pero algo ha cambiado esta vez. Empiezas a oír que algunos “extremistas” critican la muerte de un león ¡Y hasta le han puesto un nombre!

No entiendes nada…

  • Firmaste todos los papeles para poder llevar a cabo la cacería.
  • Contrataste a los guardabosques adecuados, como dicta la ley.
  • Tenías licencia para hacerlo.

Y entonces todo se desmadra. En cuestión de horas, pasas de ser un dentista más de Minnesota a aparecer en algunos de los programas de televisión hot del momento. A acaparar portadas en la mayoría de periódicos.

 

Y entonces todo se vuelve caótico. Al email te llegan miles de alertas de comentarios negativos en Yelp (EN). Ya ni hablemos de la web, que amanece caída, y la página de Facebook, que acabas teniendo que cerrar. Los antiguos clientes entran en la clínica para criticar tu actuación. Otros llaman por teléfono, hasta que te ves obligado a desconectarlo.

Incluso te empieza a dar miedo entrar en la clínica, habida cuenta del número cada vez mayor de “extremistas” que se agolpan en la entrada al edificio.

Han pasado apenas unos días, y tienes que tomar la dura decisión de cerrar tu negocio. Nadie quiere trabajar contigo, y no porque seas un mal dentista, sino por una crisis de reputación de marca que no has sabido gestionar. Es más, que ni siquiera sabías que existía.

Las emociones de marca lo son todo

No es el primer caso, pero me sirve para sacar un tema que cada vez está más presente en el mundo del branding: Una marca, sea del tipo que sea, vende emociones, no solo productos o servicios.

Al cliente tipo de una clínica dental debería darle igual que su dueño se dedique o no a la caza. Incluso habrá algunos que apoyen ese hobby.

El problema es que en este caso no se había matado a cualquier león, sino a Cecil, que para colmo tenía desde el 99 un collar de rastreo por GPS al estar involucrado en un proyecto de investigación de la Universidad de Oxford.

Y sobre todo, ha saltado a la opinión pública. Una opinión pública cada vez (afortunadamente) más sensible con el maltrato animal.

La misma opinión pública que hace apenas un mes dejó temblando a una compañía como Sojasun por elegir como embajadora de marca a Samanta Vallejo (la conocida jueza de Master Chef)… mientras la podíamos ver feliz con sus hijos menores de edad en una corrida de toros (ES). Es decir, una marca cuyo target de cliente principal son veganos y vegetarianos, representada por una mujer que lleva a sus hijos a ver cómo (en el criterio de ese mismo target), un ser humano tortura hasta la muerte a un animal. Quien esto firma, por cierto, coincide con esa opinión, aunque pueda aceptar que haya quien a eso le llama arte o cultura.

En pleno siglo XXI, las marcas necesitan como el comer ofrecer una integridad y conducta alineada con sus clientes. Es tan sencillo como eso.

Quien no lo consigue… Quien sigue obcecado en pensar que elementos externos tan triviales como un hobby de un trabajador, o de un representante de la compañía, no puede afectar al buen funcionamiento de la organización, es que se ha quedado atrás en el tiempo.

No ha evolucionado, y tarde o temprano lo va a pasar muy mal. Tan mal como lo estará pasando ahora Walter Palmer, pese a que en la foto que acompaña este texto luzca esa dentadura tan majestuosa.

This Post Has One Comment
  1. Buen punto de vista. En ese caso, parece que la presión sometida le hizo tomar la decisión de cerrar su clínica.
    Al menos, eso creo haber visto en un telediario, después de comerme bombas por aquí y por allá, en guerras que masacran a miles y miles de personas al año, sin que nadie levante una voz para criticar la barbarie de la guerra,como la fabricación y venta de armamento para cometer esos actos. Y en ese momento piensas, que tienes que pasar de ver las noticias o te volverás loco por la hipocresía del mundo. Saludos

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