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Trabajo Actividad

De camino a una filosofía de trabajo como actividad y no como lugar

“Dentro del mundo empresarial actual, la noción del trabajo como un sitio al que meramente acuden las personas, está desapareciendo y cobra cada vez más fuerza la idea del trabajo centrado en las actividades. Las innovaciones tecnológicas recientes, desde la conectividad ubicua y la nube, hasta la amplia gama de nuevos dispositivos, tales como notebooks, 2 en 1 o tabletas contribuyeron a crear una fuerza laboral distribuida, para llevar a cabo las tareas en el momento deseado, desde cualquier lugar”.

Las palabras no salen de mi puño y letra, sino del de Luigi Forestieri, Gerente de Marketing de Intel para América Latina, al preguntarle sobre lo que opina sobre el trabajo del presente-futuro.

Una filosofía que desde SocialBrains defendemos a ultranza. Desde nuestra creación como consultora, hemos apostado por el uso de nuevas tecnologías a la hora de trabajar de forma óptima con la información.

Y la comunicación interempresarial no podía ser una excepción: Servicios de mensajería instantánea como Slack (ES), herramientas de video-conferencia como Hangouts o Skype o gestores de tareas como Trello, son parte de nuestro día a día, y sobre todo, juegan un papel cada vez más crítico a la hora de remar en la misma dirección, transformando de forma positiva las interacciones dentro del equipo.

¿Qué ganamos con ello? Lo primero y más importante, tiempo. Tiempo que nos ahorramos entre ir y volver de la oficina. Tiempo que podemos aprovechar para trabajar, y terminar la jornada diaria (si es que podemos seguir hablando de esto) allí donde estemos más cómodos.

Y de paso flexibilidad, al separar contenido de contenedor, al poder contar con un equipo distribuido que funciona como un único ente.

Porque precisamente este es el milagro de las nuevas tecnologías. El que el trabajo se adapte a las necesidades de cada uno, y no al contrario. Porque si tu eres más productivo o prefieres estar en una oficina, puedas hacerlo sin tener que obligar al resto de compañeros a obrar igual. Porque en definitiva, lo verdaderamente transcendente es dar solución a los problemas que surjan en el trabajo, sacar adelante las actividades, y no únicamente calentar la silla.

¿Tiene sentido una jornada de 8 horas? Al menos para nuestro sector está claro que no. No hay hora de entrada, y tampoco de salida. Es necesario interiorizar lo que los de nuestra generación ya tenemos interiorizado desde hace tiempo: Que el trabajo forma parte de nuestra vida. Que QUEREMOS que el trabajo forme parte de lo que hacemos.

Si un día tardo 3 horas en terminarlo todo, y al siguiente, son 12, no hay problema. Si esas tres horas están divididas a lo largo del día o se cumplen todas de golpe, tampoco.

La cuestión es que internet no duerme, y por tanto, cualquier empresa que dependa de la red (ergo, cualquier empresa a secas) deberá adaptar sus horarios y sus canales, su filosofía de trabajo, a la que tengan los clientes.

Ese es el secreto del éxito en el mundo digital. El ser ubicuo en cuanto a horario y prestaciones. El saber adaptarte a un entorno que vive permanentemente del cambio.

Cada uno con nuestras manías y nuestras costumbres, pero en todo caso sabedores de que para ser competitivos en un mercado global y líquido como el actual, tenemos que perderle el miedo a vivir permanentemente fuera de nuestra zona de confort.

De hecho, a disfrutar de estar permanentemente fuera de ella, y enfrentarte cada día a las actividades que toquen, y no al conservacionismo de un lugar específico y una jornada fijada de antemano.

Este post tiene 5 comentarios
  1. En algunos casos no dudo que el teletrabajo (igual ahora tiene un nombre más cool) sea una opción interesante. Pero en otros su integración es compleja. En mi equipo de consultores (11 en total) es habitual el que compartamos conocimientos, los más veteranos con los más nuevos, confrontemos las ideas de proyectos y las opiniones. Hay veces que releemos los correos de los compañeros antes de ser enviados a clientes. Las video conferencias son una solución, pero no las veo igual de efectivas que las reuniones presenciales o las explicaciones que pueda dar a los chicos con menos años de experiencia. Y eso a pesar de estar siempre conectados con múltiples clientes siempre en remoto.

    El trabajar desde donde quiera, teniendo en cuenta que habitualmente uso dos monitores (en realidad 3, pues uso también el portátil), me obligados a tener una habitación en casa adaptada como despacho, y costear el acceso a internet, luz y demás gastos, eso sin tener en cuenta que su quiero tener un equipo personal, aún necesitaría más espacio. Aunque ambos podrían ser compartidos, o parcialmente compartidos, no soy muy partidario de que alguien de la familia, por un que normal y perfectamente legítimo, comprometa la seguridad de la empresa.

    Por otra parte si es necesaria que pensemos cada vez más en combinaciones híbridas que permitan que parte de la jornada pueda desarrollarse en remoto o una flexibilidad que facilite la conciliación personal y profesional, algo difícil en la mentalidad de los empresarios españoles, temerosos de perder el control de sus empleados.

    Quizás el enfoque de este artículo piensa en trabajadores con suficiente experiencia y disciplina para no necesitar una comunicación casi constante con su equipo…

    Por otra parte tenemos el efecto que ha producido el que podamos trabajar remotamente, y es que la jornada laboral ha crecido, y, ahora tenemos gente que parece estar siempre de guardia, gente que acaba utilizando dispositivos personales con usos profesionales y viceversa con todos los riesgos que eso entraña, y, en muchos casos, dejando bases de datos conectadas a internet mediante servicios que día tras día se ven hackeados, o, en servidores de empresa que un pentester profesional es capaz de mostrar las vergüenzas y el mismo profesional dedicado al mal capaz de robar los datos y publicarlos o venderlos….

    Al final la soluciós nunca es fácil ni única. La sociedad debe avanzar para afrontar y superar estos retos, para plantear otros nuevos, para que los trabajadores y trabajadoras puedan conciliar su vida laboral y personal, que todos seamos conscientes de nuestras obligaciones, derechos y deberes, y un sistema que, son llegar a controlarnos (espiarlos) asegure que realizados el trabajo que debemos realizar.

    1. Touché Khepper. Totalmente de acuerdo.

      Es más, y aunque lo tratas de soslayo, también hay que considerar la producitividad propia de cada persona. Hay un porcentaje significativo de trabajadores que si tienen que en casa serían menos productivos. Es necesario fraguarse una rutina que “ir al trabajo” te obliga a mantener, y trabajar desde casa no.

      Y claro está, se deja la puerta abierta tanto a modelos híbridos, como a otros que directamente no se prestan al teletrabajo.

      Incluso dentro de entornos puramente tecnológicos, como es nuestro caso. No es por ello raro que empresas punteras del sector apuesten por una flexibilidad de trabajo que no tiene porqué pasar por el teletrabajo exclusivo, sino más bien por acercar la residencia al lugar del trabajo, y permitir horarios más flexibles entre uno u otro espacio (como ocurre en Facebook, por ejemplo).

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