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¿Cómo medir la veracidad de las noticias algorítmicamente?

Le Monde, Agence France-Presse (AFP), BFM-TV, Franceinfo, France Médias Monde, L’Express, Libération y 20 Minutes. Estos son los medios que desde hace unos días trabajan codo con codo con Facebook (EN) para evitar que ocurra algo como lo vivido en la red social con las elecciones estadounidenses. CrossCheck, una iniciativa promovida por Google News Lab que permite a los usuarios dar feedback sobre las noticias vertidas en un listado de medios, engordará de esta manera su sistema de valoración y su base de datos con la inclusión de más de seiscientas páginas web que los editores de Le Monde consideran no fiables, y con los sistemas de valoración que utilizan los editores de algunos de los periódicos arriba mencionados.

Francia empieza así su batalla contra las noticias falsas, y el resto del mundo miramos desde las gradas el que será uno de los primeros campos de estudio de esta disciplina. A poco más de un mes de las elecciones francesas, parece el momento perfecto para sacar al ruedo un sistema que intentará, en la medida de lo posible, identificar qué contenido es real y cuál ha sido creado artificialmente, impidiendo que este último goce de la difusión que suele tener en redes sociales tan propicias para la falacia como es Facebook.

El proyecto, no obstante, no deja de tener varias aristas cuyas implicaciones difícilmente vamos a poder predecir de antemano.

Por un lado, es ya algo constatado que la viralidad de las noticias falsas favorece a los movimientos populistas. La victoria de Trump es un claro ejemplo, como también lo ha sido el Brexit. Las barreras de entrada digitales juegan en este caso a favor de aquellos interesados en ganar dinero fácil creando medios a golpe de click y vertiendo bulos que son ampliamente secundados por aquellos usuarios interesados en defender su postura ideológica. Es decir, muchas visitas, ergo, dinero.

Bajo esta premisa, los que a día de hoy son los intermediarios digitales por defecto (Google y Facebook, principalmente) tienen como cometido sacar del círculo generalista el negocio de la creación de noticias falsas, al mismo nivel que en su día se hizo lo propio con las “medicinas” alternativas o la pornografía. Con una diferencia crítica: ¿Dónde está la línea entre interpretación de la realidad y falacia?

En los anteriores campos resulta relativamente sencillo saber el punto en el que algo pasa de ser legítimo a poder ser considerado ilegítimo. Pero en el periodismo esta línea está tan difusa como difusas son las líneas editoriales de cada medio. La realidad de la actualidad no es un ente corpóreo que podamos definir con exactitud. Ni siquiera cuenta con unas variables cuantificables claras con las que podamos “dar de comer” a un algoritmo. La participación activa de varios de los agentes críticos en la creación y difusión de noticias se vuelve entonces necesaria. Esa labor de criba realizada históricamente por un equipo de analistas en cada uno de los grandes medios del país servirá de base de conocimiento para que los sistemas de Facebook y Google puedan aprender qué es noticia y qué es falacia, implantando las medidas adecuadas en cada caso. Y esto se traduce en una pérdida de visibilidad y quizás una futura expulsión del sistema publicitario a todo aquel medio considerado como poco fiable.

Por otro lado, este tipo de bloqueos deben ser estudiados con detenimiento, ya que de lo contrario acabaremos dibujando un escenario en el que dos agentes son los que deciden qué se puede publicar y qué no en la red. En los países democráticos existe el derecho de expresión. Un derecho que permite a cualquier ciudadano crear una página web y expresarse, aunque lo que diga pueda ser claramente mentira. Y cualquier otro tiene el derecho de consumir si así lo quiere estas falacias.

De ahí la importancia de encontrar un equilibrio que permita al grueso de la sociedad no tomarlas como verídicas, y que aún así, ofrezca opciones para que los que conscientemente prefieren consumir este tipo de contenido, cuenten con una manera de acceder a él. Cosa que por cierto ya pasa con la pornografía o con la medicina alternativa.

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