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Whatsapp

El “nuevo” modelo de negocio de WhatsApp

Conocíamos esta semana que WhatsApp pasaría a costar 0 euros al año (EN). Una noticia que algunos han recibido con entusiasmo (pagar los 0,89 céntimos que costaba hasta entonces era sin lugar a dudas una salvajada…), y otros, la mayoría, ni se habrán dado ni cuenta.

La realidad es que WhatsApp era ya gratuita para prácticamente todos los usuarios (EN). En su día, cuando decidieron dar el paso al modelo de negocio de la suscripción, mantuvieron siempre una política que primaba el crecimiento frente a la monetización.

Como buena startup que se precie, en aquel momento lo importante era demostrar ante accionistas que podían llegar a ser rentables económicamente. Pero solo se trataba de una fachada.

La mayoría ni recibimos la petición, y e incluso aquellos que lo hicieron y tuvieron los santos eggs de dejar que el plazo se terminara, descubrieron cómo después de unos días de bloqueo, el servicio volvía a habilitarse para disfrute en plazos periódicos que, casualmente, nunca han terminado.

Con la compra de Facebook, esa necesidad de aparentar ya no era necesaria

Pero sí parecía una buena estrategia para desmentir lo que algunos alertamos (ES). Que ese WhatsApp sin publicidad, sin tráfico de datos personales, se iba a acabar.

Atrás queda aquel compromiso de sus fundadores de que WhatsApp seguiría de por vida libre del negocio de su nuevo dueño, que por ello cobraban lo que cobraban por su uso.

Con la derogación del pago de suscripción, pronto veremos cómo aquellas palabras caerán en saco roto, y esa base de datos tan sumamente valiosa pasará a engordar, aunque sea a nivel puramente de conocimiento, la base de datos de Facebook, como en su día ocurrió con Messenger o Instagram.

¿Veremos publicidad en WhatsApp? No lo tengo tan claro, aunque todo podría llegar a ocurrir.

Por ahora, parece que el objetivo es monetizar el servicio en el mundo corporativo, un sector que como bien señalaba hace unas horas Enrique, difícilmente va a arrojar los dividendos que buscan (ES).

Primero, porque las empresas requieren para su comunicación herramientas (ES) que además de ser prácticas (por mucho que nos quieran vender, WhatsApp web es una castaña), deben ser seguras y privadas. Justo los dos puntos (ES) que más se echan en falta.

Y segundo, porque si no cambian la política de uso de la herramienta, WhatsApp no es un canal de comunicación masiva (pueden banearte por ello), y por tanto, no parece a priori interesante como soporte al departamento de atención al cliente de una empresa.

Eso sí, quizás entonces la política de uso se cambie, y casualmente se permita el spam a aquellas compañías que pasen por caja.

Cosas más raras hemos visto en este mundillo de las Over the Top.

Si llega el caso, que sirva para constatar que a WhatsApp ahora mismo todavía le importa menos el usuario. Que las palabras se las lleva el viento.

Y que ese servicio que se posicionó en su día como referente de la mensajería instantánea, no por ser el mejor ni el más seguro ni el más privado ni el más nada, sino simplemente por saber cómo llegar el primero, nos ha mentido.

Que una vez que no hay que pelearse por buscar nueva financiación, saca su verdadera cara. La de cualquier negocio digital dependiente, en mayor o menor medida, del tráfico de datos personales.

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