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150223 A Que Me Dedico

Y yo, ¿a qué me dedico?

 

Una de las preguntas que más me hacen moverme en el sitio en los últimos tiempos es la de “a qué me dedico”: ese “y tú qué haces” con el que empiezan no pocas conversaciones entre personas que se acaban de conocer, o incluso entre aquellas que se conocen de esos mundos de Yupi llamados redes sociales y que, en casa de herrero cuchillo de palo, algunos utilizamos sin demasiada ciencia que nos ampare.

Hasta el año pasado responder a esa pregunta era relativamente sencillo. Bastaba con decir “marketing online”, que es un binomio lo suficientemente ambiguo y de moda como para ahorrarte tener que dar mayores explicaciones. Me sigo dedicando a eso, claro, pero desde que decidimos dar el salto de Comunicación y Nuevos Medios a SocialBrains, siento que esa disciplina se me queda pequeña. Es más, dimos el salto precisamente por eso: por movernos del territorio de la zona de confort y buscar una dimensión nueva.

Incluso le pusimos nombre a ese cambio: SIN, Social INtelligence, o la aplicación de técnicas de inteligencia al ruido procedente de los entornos sociales de Internet. Claro que si uno va por la calle diciendo que hace “sin”, lo lógico y hasta necesario es que su interlocutor le pregunte, como el camarero de Hill Valley, el pueblo de Regreso al Futuro: “¿Una pepsi sin? ¿Qué diablos es sin, sin pagar? Aquí todo se paga, chico”. Por cierto, offtopic, este 2015 es el año de la llegada de Martin McFly desde el pasado, evento que, como no podía ser de otra forma, ya está en Facebook.

Por una cuestión de contrastes entre lo viejo y lo nuevo, uno se siente tentado a decir que hace monitorización y escucha activa. Pero en el fondo esas dos disciplinas son herramientas de las que se vale SocialBrains para llevar a cabo buena parte de sus proyectos, con lo cual tampoco sirve: es una parte, no el todo, y además carece del carácter demiúrgico de un binomio como “marketing online”, explotado y eficaz a partes iguales.

En ocasiones he procurado tirar de otro mantra como es el “Big Data”. Traje que me queda absolutamente grande y soy consciente de ello, pues basta cualquier evento sobre el sector para cerciorarme de que estoy a años luz de quienes saben de estos temas. Amén de que es un binomio que empieza a ser pasado aún antes de batirse el cobre entre la opinión pública, al menos si nos atenemos al último post del experto Istvan Hajnal para Smart Data Collective: Investigación de Mercados y Big Data, una relación difícil.

Cuando el contexto permite tirar de cierto sarcasmo, utilizo la expresión “ex periodista”, que es con la que empieza mi bio en Twitter y en algún otro lugar. La expresión es seria, a pesar de que no sirva para ser empleada en entornos serios. Difícilmente estaría donde estoy si no hubiera dicho adiós, al menos hasta nueva orden, a cualquier expectativa para ganarme la vida en los oficios en los que me la gané durante 15 años. En el periodismo actual ya no es que sea difícil ganar cuatro duros, sino que es harto complicado ejercer con una mínima seriedad profesional, cosa que no es culpa de los profesionales, o no únicamente, aunque sean en parte responsables de su desamparo laboral y profesional.

Corresponsal de guerra y saltos mortales

Como el soneto a Violante, voy por el sexto párrafo y sigo sin hallar esa expresión que busco. Prosigamos con el periodismo, por si me dejo algo en el tintero. En una reciente entrevista en su programa Otra vuelta de Tuerka, inédito en un líder político, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, entrevista al eurodiputado y cabeza de lista en el Parlamento Europeo de Ciudadanos, Javier Nart. En ella, este conocido contertulio relata su época como corresponsal de guerra, y explica que se hizo corresponsal de guerra porque era la forma que tenía de cumplir una de sus aspiraciones: viajar. “Quería conocer el mundo, y como no tenía un duro, la forma de ganarme la vida era vender lo que yo veía, y vender lo que yo veía eran reportajes de guerra”. Es decir, el periodismo que ya prácticamente nadie hace: ir a un sitio, poner la oreja, juntar testimonios y aglutinar los puntos de vista. Que se parece bien poco al periodismo actual: ir adonde te mandan, leer la nota de prensa y las de agencia, hacer las preguntas a quien te mandan, y aglutinarlo en el punto de vista que te mandan.

Eso de “poner la oreja” es una expresión por la que me dejo querer, pero también tiene bastante poco uso para las autodescripciones. Esto de no ser bombero, fontanero, escritor, contable, administrativo, profesor de Primaria, enfermero, neurólogo o cirujano, con empleo o en el paro, tiene esta complicación. Y si das el salto mortal y te proclamas “empresario”, o su versión aminorada que es “administrador de empresa”, también es una forma un tanto triste, vacía, sin oficio ni beneficio, de decir a qué te dedicas. Al margen de que no te libra de la respuesta, solo te permite aplazarla. Porque acto seguido alguien te preguntará: ¿y tu empresa qué hace?

Versiones del “empresario” hay muchas. Tengo un buen amigo que dice que me ponga “consultor técnico de operaciones”, o “consultor” a secas, título que otorga fuerza profesional y distinción. Amigo a su vez de otro gran amigo que desde hace años se define como “ayudante” y cuya tarjeta profesional es la imagen de una aguja en un pajar, con lo que de un vistazo te dice exactamente lo que hace. Desde luego, como “Director Ejecutivo” o CEO hay poco donde rascar, porque hoy todo el mundo es CEO en LinkedIn, aunque sea CEO de su propia vida: Own Life’s CEO, Entrepeneur Searching Opportunities (xD). Lo cual me lleva también a dos alternativas más: la que venden las autoridades públicas para ocultar su manifiesta inutilidad para organizar la “res pública”, la de “emprendedor”; y la que vendemos los que sabemos que si el día de mañana se le cruzan los cables a quienes nos mantienen el tenderete, duraríamos menos que un caramelo a las puertas de un colegio: la de emprendehomeless. Niente. Tampoco te libra de preguntas, y además también necesita cierto ambiente lo suficientemente distendido o cómplice.

Volviendo al post de Hajnal para Smart Data Collective, hay términos que crean un hype (expectación) inicial elevado, y después decaen. Sería el caso de Big Data, y podría serlo el de expresiones de nuevo cuño como Deep Learning o Map-Reduce. “Mi consejo a la industria de la investigación de mercados es que deje de conceptualizar tanto en torno al Big Data y el Data Science, y que simplemente aplique las nuevas técnicas que sean más apropiadas”.

Así pues, quizá lo apropiado sea no conceptualizar tanto y tratar de reducir todo a “redes sociales”, binomio también extendido y explotado, pero que trasciende el ámbito de actuación del marketing online. Y a ese nombre le iré añadiendo los apellidos que sean más apropiados según el caso. ¿Investigador, analista, consultor, empresario, técnico, especialista, CEO, ayudante? Según el caso y lugar, señoras mías, señores míos. Según el caso y lugar.

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